3. LA DEFINICIÓN

La definición es objeto de estudio principalmente dentro del ámbito de la lingüística y de la filosofía. Sin embargo, al ser un medio de transmisión del conocimiento, la definición se emplea en numerosas esferas de la vida humana:

[T]he practice of defining is present in many domains of human activity and can be observed from such simple everyday situations as friendly and informal conversations in a pub, through definitions in textbooks to those found in very advanced fields of science. Language users define frequently, consciously or unconsciously, and for different purposes. (Fabiszewski-Jaworski 2012: 13)

Dada la multitud de situaciones distintas en las que se puede producir, la definición es una noción compleja que puede entenderse desde al menos cuatro puntos de vista distintos (Seppälä 2012: 5):

Así pues, la definición puede concebirse, por un lado, como la actividad de definir que tiene como resultado la generación de una representación mental de un contenido definitorio y, por otro, como el acto de definir que consiste en verbalizar dicha representación mental mediante un artefacto representacional en forma de enunciado.

En el ámbito de la terminología, lo habitual es utilizar el término definición para hacer referencia principalmente a un enunciado que representa un contenido definitorio. Como se ha visto, ese contenido definitorio responde a la pregunta genérica «¿Qué es X?» hecha por un destinatario. En referencia a una definición terminológica, se entiende que dicha X es o bien un término (con sus diferentes acepciones) o bien un concepto.

Mientras que definir un concepto consiste en describir determinado contenido conceptual, ¿en qué consiste definir un término? Como explica (Seppälä 2012: 9), definir un término puede entenderse como definir el signo, definir el referente del término, definir el significado del término o definir el concepto asociado al término. A continuación, exponemos nuestro punto de vista al respecto.

En primer lugar, en este trabajo, descartamos que el objeto de la definición deba ser el signo, pues consideramos que la función de la definición no es la de describir el signo (p. ej., sus características morfosintácticas), ya que, para ello, se deben utilizar otros elementos dentro de un recurso como los campos destinados a la información gramatical, morfológica, etc., como indica Rey-Debove (1967: 145).

No obstante, las definiciones que tienen como objeto el signo existen y reciben el nombre de definiciones metalingüísticas y son, en la mayoría de casos, tachadas de incorrectas (Vézina et al. 2009: 25). Un ejemplo de este tipo de definición son aquellas encabezadas por «dícese de», «aplícase a», etc. (ej. 12) o definiciones encabezadas por una caracterización gramatical o de otro tipo del signo (ej. 13).

ej. 12 BARÓMETRO. Dícese del instrumento utilizado para medir la presión atmosférica.

ej. 13 CLINÓMETRO. Sustantivo masculino que designa un instrumento utilizado para medir ángulos de inclinación.

Asimismo, también descartamos que el objeto de la definición sea el referente de la unidad terminológica. La gran mayoría de términos no tienen como referente una única entidad en el mundo, sino que puede haber muchos ejemplares del referente. Por ejemplo, el término altímetro tiene como referente todas aquellas entidades en el mundo que se consideren miembros de la categoría ALTÍMETRO. Incluso suponiendo que la categoría ALTÍMETRO tuviera límites precisos, describir el referente de altímetro implicaría hacer una descripción de todos y cada uno de los altímetros que existen, han existido y existirán, lo cual es virtualmente imposible.

Incluso en el caso de términos con un único referente (sol, luna, etc.), los seres humanos también creamos conceptos para esos referentes (SOL, LUNA, etc.) que se integran en nuestro sistema conceptual (lo que Barsalou et al. [1993] denominan marcos de individuo [§2.1.1.1.1]) y, como cualquier otro concepto, se enriquecen con las nuevas experiencias y los conocimientos que se adquieren sobre ellos. Como ya se señaló, los conceptos no son un simple reflejo de la realidad externa (Lakoff y Johnson 1999: 22); están basados en ella y están influidos por nuestra corporeización, el entorno social y cultural (Lakoff 1987: xv; Lakoff y Johnson 1980: 180). Los conceptos con un único referente en el mundo tienen las mismas características que cualquier otro tipo de concepto, como la multidimensionalidad o la ausencia de límites precisos. Por lo tanto, dado que no es posible describir un referente sin la mediatización de la cognición, la definición no puede tener por objeto el referente en sí.

Al descartar el signo y el referente, la opción restante es el significado o el concepto. En el caso de la lexicografía, siguiendo un punto de vista estructuralista, se ha supuesto que el objeto de la definición lexicográfica es el significado, entendido como un conocimiento de tipo lingüístico estable e independiente del conocimiento enciclopédico. Por su parte, en terminología, desde un enfoque wüsteriano, el significado de un término se considera equivalente al concepto al que está asociado y, por ende, tradicionalmente el objeto de la definición terminológica es el concepto, el cual tiene límites precisos y características suficientes y necesarias.

En este trabajo, defendemos que las unidades léxicas solo tienen significado en eventos de uso concretos (§2.1.2). Fuera de los eventos de uso, es decir, de manera abstracta, una unidad léxica no tiene significado: tiene potencial semántico. Por ello, no es posible concebir que definir un término sea definir su significado.

Así pues, la opción restante es que definir un término implique definir un concepto. Sin embargo, es necesario realizar algunas precisiones. Como hemos indicado, las unidades léxicas tienen potencial semántico lo cual no es exactamente lo mismo que estar asociado a un concepto. Dentro del potencial semántico de un término podemos distinguir el perfil, que es el concepto (o conceptos, en caso de homonimia o polisemia) al que está asociada de manera convencional la unidad léxicaComo se verá en §3.5.3.5.1, en caso de polisemia, una unidad léxica puede estar asociada a más de un concepto., y la base, que son los marcos que presupone el perfil (Figura 9).

Figura 9. Representación esquemática del potencial de significado de una unidad léxica asociada a un único concepto (a la derecha) y de una unidad léxica polisémica asociada a dos conceptos (a la izquierda)
Figura 9. Representación esquemática del potencial de significado de una unidad léxica asociada a un único concepto (a la derecha) y de una unidad léxica polisémica asociada a dos conceptos (a la izquierda)

El potencial semántico del término es la materia prima de la definición, pero no el objeto, ya que asumir que el potencial semántico es el objeto implicaría que la definición sería una descripción de todo el contenido conceptual que una unidad léxica puede activar. Este enfoque no es viable porque el potencial semántico de una unidad léxica es una cantidad inabarcable de información, que, además, nunca se activa de manera completa en eventos de uso reales.

Como vimos en §2.1.2.1, las unidades léxicas, además de poseer potencial semántico, también tienen asociadas restricciones de tipo convencional y contextual. Dichas restricciones crean tendencias de activación de determinado contenido conceptual, formando lo que Croft y Cruse (2004: 110) denominan presignificados. Los presignificados son unidades conceptuales que, en el proceso de conceptualización, se encuentran a caballo entre el potencial semántico y el significado en un evento de uso concreto:

Pre-meanings [are] units that appear somewhat further upstream in the construal process than full-fledged interpretations. […] [A] pre- meaning is still subject to further construal. It is, however, more elaborated than ‘raw’ purport. (Croft y Cruse 2004: 110)

Los presignificados pueden aparecer en distintos niveles de conceptualización. Por un lado, pueden presentarse más cercanos al potencial semántico, como, por ejemplo, los presignificados correspondientes a los distintos conceptos a los que está asociada una unidad léxica polisémica u homónima. Por otro lado, pueden corresponderse con unidades subconceptuales, con la posibilidad de que los distintos presignificados estén anidados (Croft y Cruse 2004: 110).

Por ejemplo, en el caso del término planta, un primer nivel de presignificación se correspondería con la distinción entre los varios conceptos a los que está asociado, por ejemplo, PLANTA(ser vivo) y PLANTA(instalación industrial). La convención ha hecho que dichos conceptos estén asociados a esa unidad léxica y cada uno de ellos tiene una tendencia de activación mayor según el contexto. Además, las características de dichos conceptos tendrán distintos niveles de centralidad, es decir, que tendrán un prototipo asociado que activará con preferencia determinados marcos. Como hemos visto, los prototipos son también sensibles al contexto, por lo que dentro de los distintos conceptos, las restricciones contextuales harán que haya presignificados subsumidos. Por ejemplo, el siguiente nivel de presignificación de planta, a partir de PLANTA(ser vivo), podría corresponderse con cómo se conceptualiza ese concepto en el dominio de la agricultura.

El objeto de la definición es, pues, un subconjunto del potencial semántico que se corresponde con algún tipo de presignificado (Figura 10). El presignificado que será objeto de la definición dependerá de las restricciones contextuales que se impongan a la definición (§3.5.3.2). En todo caso, dicho subconjunto corresponderá con parte de un único concepto y de los marcos que este pueda activar. Si el potencial semántico es polisémico, es decir, que incluye más de un concepto, será necesario crear al menos una definición para cada concepto.

Figura 10. Representación esquemática del potencial de significado y un ejemplo de un subconjunto que podría ser objeto de la definición de una unidad léxica asociada a un único concepto (a la derecha) y de una unidad léxica polisémica asociada a dos conceptos
Figura 10. Representación esquemática del potencial de significado y un ejemplo de un subconjunto que podría ser objeto de la definición de una unidad léxica asociada a un único concepto (a la derecha) y de una unidad léxica polisémica asociada a dos conceptos

El potencial semántico de una unidad léxica (al igual que cualquier otro contenido conceptual) se encuentra almacenado en la mente de los hablantes. En el caso de las unidades terminológicas, el potencial semántico reside en la mente de los expertos. Sin embargo, dada la multidimensionalidad del conocimiento especializado, expertos de distintos campos del saber tendrán almacenado un potencial semántico distinto (con mayor o menor solapamiento) para el mismo término. Por ello, en línea con la noción de división del trabajo lingüístico (Putnam 1975), podríamos afirmar que el potencial semántico de los términos se encuentra repartido en la mente de los expertos de todos los campos del saber y se refleja en los eventos de uso que producen de dichos términos. Como se verá en el apartado relativo a la dimensión contextual de la selección de rasgos (§3.5.3), el terminólogo, para la elaboración de definiciones, reconstruye presignificados de un término correspondiente a una o varias áreas del saber.

Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, definir un término supone ofrecer al menos una definición por cada concepto contenido en el potencial semántico del términoLos conceptos pueden recibir múltiples definiciones. En este trabajo consideramos, pues, que definir implica proporcionar una o más definiciones de las múltiples posibles. que describa la parte de dicho concepto y los marcos que este activa que el terminólogo considere relevantes. Por su parte, definir un concepto implica describir un subconjunto considerado relevante de sus rasgos junto con el conocimiento de fondo que necesariamente acompaña a ese subconjunto de contenido conceptual.

Como veremos en §3.5., la relevancia de los rasgos depende de factores de tipo ontológico, funcional y contextual.

3.1. LA DEFINICIÓN TERMINOLÓGICA

Tradicionalmente, desde un punto de vista estructuralista y wüsteriano, se había establecido una diferencia entre la definición lexicográfica, terminológicaDe Bessé (1990: 253–254) y Béjoint (1993: 19) proponen una distinción entre definición terminográfica y terminológica. De acuerdo con estos autores, la definición terminográfica tiene la función de explicar un término, mientras que la definición terminológica sirve para fijar el significado de un término preexistente de manera prescriptiva o fijar el significado de un término de nueva creación. Esta distinción ya no se aplica comúnmente en Terminología y, en consecuencia, en este trabajo, consideramos definición terminológica y definición terminográfica como sinónimos. y enciclopédica. La definición lexicográfica (o definición lingüística en términos de Cabré [1993: 209]) define el significado de las unidades léxicas no especializadas como parte de la estructura de la lengua y las explica en el contexto de otras unidades léxicas (Sager y Ndi- Kimbi: 1995). El significado de las palabras se considera puramente lingüístico y al considerarse que el objeto de la definición es el significado, ello supone que una definición lexicográfica no debe hacer referencia a ningún tipo de conocimiento extralingüístico.

Por su parte, la definición terminológica, que, desde el punto de vista tradicional, define el concepto que designa una unidad léxica especializada o término, tiene por objetivo la identificación de rasgos necesarios y suficientes del concepto dentro de los límites de un dominio concreto (Sager y Ndi-Kimbi 1995: 83). Por lo tanto, la definición terminológica se considera de naturaleza no lingüística.

Finalmente, la definición enciclopédica (o definición ontológica en términos de Cabré [1993: 209]) al igual que la terminológica, se concibe como extralingüística, pero al contrario de esta, no se limita a los rasgos necesarios y suficientes del concepto que describe, sino que proporciona una descripción global y exhaustiva de todos los aspectos del concepto, habitualmente con una intención didáctica (Sager y Ndi-Kimbi 1995: 83).

Aplicar un enfoque cognitivista a la definición implica deshacer estas distinciones entre estos tipos de definición tal y como se han establecido tradicionalmente. Como vimos en §2.1.2.1, no es posible distinguir entre conocimiento lingüístico (semántico) y conocimiento extralingüístico (enciclopédico), ya que forman un contínuum.

Por lo tanto, la distinción entre definición terminológica y lexicográfica queda reducida a que la primera define un subconjunto del potencial semántico de los términos y la segunda, de las palabras de la lengua general. No obstante, dicha distinción traslada el problema a la dicotomía entre palabra y término, que también es difusa. De hecho, la TBM, como ya indicamos, considera que distinguir entre palabra y término no es solo inviable sino que, además, no resulta fructífero (Faber, León Araúz y Prieto Velasco 2009: 4). En este sentido, compartimos la recomendación de L’Homme (2005: 1113) que describe el término como una unidad léxica cuyo significado está relacionado con un dominio especializado e indica que para abordar la noción de término es esencial tener en cuenta su aplicación:

La définition de « terme », contrairement à celle qui est donnée pour d’autres unités linguistiques, est donc relative. Elle dépend de la délimitation qu’on a faite d’un domaine spécialisé et les objectifs visés par une description terminologique (L’Homme 2005: 1125).

De este modo, en lo que a nuestros propósitos se refiere, más importante que determinar si una unidad léxica es un término es el hecho de decidir si una unidad léxica debe ser objeto de descripción dentro de un recurso terminológico, lo cual dependerá de los criterios establecidos para la inclusión de términos. Como indica Cabré (1999: 123), el carácter de término se activa en función del contexto. Así pues, dado que describir una unidad léxica y la información conceptual asociada a esta dentro de un recurso terminológico implica que la descripción se hará desde el punto de vista de uno o varios dominios especializados, dicha unidad adquirirá, en mayor o menor medida, un valor especializado.

Finalmente, en lo que respecta a la distinción entre definición terminológica y enciclopédica, defendemos que, dado que la identificación de rasgos suficientes y necesarios es virtualmente imposible, todas las definiciones serán enciclopédicas en lo que respecta al tipo de contenido representado. En cuanto a la supuesta globalidad y exhaustividad de la definición enciclopédica frente a la definición terminológica, una definición terminológica puede ser todo lo global y exhaustiva que el terminólogo considere adecuado según las características del recurso en el que se va a insertar.

De acuerdo con Seppälä (2012: 5), se puede caracterizar la definición terminológica en relación con cinco elementos: el emisor, el destinatario, la situación comunicativa, la modalidad de expresión y el objeto.

El emisor de la definición terminológica suele ser un terminólogo o un especialista del dominio, o ambos en colaboración, mientras que el destinatario es el público meta de la definición, el cual dependerá del recurso terminológico en el que se vaya a insertar la definición (Seppälä 2012: 7).

En lo que respecta a la situación comunicativa y la modalidad de expresión, la definición terminológica se produce en una situación comunicativa in absentia, es decir, el acto definitorio tiene lugar sin que el emisor esté presente (por ejemplo, cuando el destinatario lee la definición), y la modalidad de expresión es el enunciado lingüístico en contraposición, por ejemplo, con señalar con el dedo una entidad o situación, o mostrar una imagenAlgunos autores consideran que señalar con un dedo o mostrar una imagen es un tipo de definición llamada definición ostensiva (Marciszewski 1993). (Seppälä 2012: 8).

A continuación, presentamos la definición aristotélica, que es el formato definicional clásico y sigue siendo el más utilizado en recursos lexicográficos y terminológicos, en particular en la definición de sustantivos. Como se verá, en este trabajo, utilizaremos el modelo aristotélico, pero desde un punto de vista cognitivista.

3.2. LA DEFINICIÓN ARISTOTÉLICA

De manera habitual, cualquier tipo de definición consta de dos partes: el definiéndum (unidad léxica o concepto que se está definiendo) y el defíniens: enunciado cuya finalidad es definir el definiéndum. Habitualmente, recibe simplemente el nombre de definición.

El defíniens de la definición aristotélica (también llamada definición tradicional, definición hiperonímica, definición analítica, definición intensional, definición por género próximo y diferencia específica, definición por genus y differentiae, definición inclusiva, etc.) consiste en presentar el genus (hiperónimo o superordinado de la unidad léxica/concepto que se define) y una o varias differentiae (atributos que distinguen a la unidad de sus cohipónimos). Esta tradición procede de los neoplatónicos, en particular de Porfirio, que escribió una introducción (Isagoge) en griego a la lógica de Aristóteles. La Isagoge de Porfirio la tradujo al latín Boecio, a través de cuya traducción nos ha llegado la tradición de definir mediante genus y differentiae. Sin embargo, en la Isagoge, se exponían en total cinco conceptos de Aristóteles relacionados con la definición (P. Hanks 2006: 399):

Por ejemplo, un ser humano (species) puede definirse como un animal (genus) racional (differentia). Asimismo, podemos afirmar que un ser humano tiene la capacidad de respirar, lo cual sería un proprium porque todos los seres humanos respiran; pero no es un atributo que forme parte de la esencia ni sirve para diferenciarlo de otras species. Por último, podemos decir que hay seres humanos que son rubios, lo cual sería un accidens porque es un atributo que solo se da en algunos seres humanos (Smith 2007).

Como expone P. Hanks (1987: 119), el estilo de las entradas en los diccionarios empezó a formalizarse a principios del siglo XVIII, pues anteriormente las definiciones eran una mezcla de equivalentes entre palabras y descripciones informales. A la sazón, Leibniz formuló la noción de que dos expresiones son sinónimas si una puede sustituirse por la otra salva veritate (quedando intacta la verdad). Esta noción tuvo gran repercusión en la lexicografía, pues comenzó a seguirse lo que ha venido a llamarse el principio de sustitución, que consiste en la elaboración de definiciones que pueden sustituirse en cualquier contexto por la palabra que se define. El objetivo primordial de este principio es el de verificar si las características representadas en la definición son suficientes y necesarias. Como ya vimos en §2.1.3.1.1, la determinación de características suficientes y necesarias no es factible, por lo que, en este trabajo, rechazamos el uso del principio de sustitución.

Defendemos el uso de una versión modificada de la definición aristotélica. El formato sigue siendo el mismo: «definiéndum = genus + differentiae», puesto que el uso del genus, es decir, de un concepto superordinado permite representar el proceso de categorización —que, como se vio, es un proceso básico de la cognición humana— y, por consiguiente, la herencia de propiedades. Sin embargo, la noción de differentiae la redefinimos y deja de referirse a rasgos suficientes y necesarios, para ser rasgos relevantes de esa categoría según distintos factores (§3.5).

A continuación, revisaremos algunos tipos de definición diferentes de la definición aristotélica (aunque, en algunos casos, variantes de esta) que habitualmente se utilizan —solos o combinados en una misma definición— en recursos lexicográficos y terminológicos.

3.3. OTROS TIPOS DE DEFINICIÓN

3.3.1. La definición extensional

La definición extensional —también llamada definición denotativa (Robinson, 1950; Sager, 1990) y definición enumerativa (Shelov, 2003)— consiste en la enumeración de todos los hipónimos de un concepto. Un ejemplo de definición extensional sería:

ej. 14 EVENTO EXTREMO. Los eventos extremos son los terremotos, los maremotos, los deslizamientos de tierras, los huracanes, los tornados, las inundaciones y las erupciones.

Este tipo de definición, considerada junto con la aristotélica (§3.2) y la partitiva (§3.3.2), uno de los tres tipos principales de definición según la TGT (Temmerman 2000: 8), no está exenta de problemas. En primer lugar, carece de genus y, por ende, el definiéndum no se categoriza, lo cual dificulta que el usuario pueda situar el concepto dentro de sus conocimientos previos. Por otro lado, esta definición reposa sobre la suposición de que el usuario va a conocer los conceptos que se exponen en la definición. Pero, incluso aunque el usuario, en el ej. 14, conozca todos los tipos de EVENTO EXTREMO que se presentan, tendrá que hacer sus propias suposiciones, las cuales pueden estar erradas, para colegir cuáles son las características comunes a todos los cohipónimos.

Las relaciones genérico-específicas (además de la codificada por el genus) pueden resultar útiles en definiciones que reflejen además otros tipos de relaciones conceptuales, pero no en definiciones basadas exclusivamente en esas relaciones como la definición extensional.

3.3.2. La definición partitiva

La definición partitiva define un concepto mediante la enumeración de las partes que lo componen (ej. 15) o indicando de qué forma parte (Vézina et al. 2009: 38). Un ejemplo de definición partitiva sería:

ej. 15 ATMÓSFERA. La atmósfera está formada por cinco capas principales: troposfera, estratosfera, mesosfera, termosfera y exosfera.

La definición partitiva presenta problemas similares a la definición extensional, como la carencia de genus y una dependencia excesiva de los conocimientos previos del usuario. En el ej. 15, podemos suponer que si el usuario conoce con precisión qué son la TROPOSFERA, la ESTRATOSFERA, la MESOSFERA, la TERMOSFERA y la EXOSFERA, entonces, sabrá sin duda qué es la ATMÓSFERA y no necesitará una definición. Al mismo tiempo, si el usuario desconoce dichos conceptos, esta definición será totalmente ineficaz.

Así pues, de manera similar a lo expresado sobre la definición extensional, las relaciones partitivas pueden resultar útiles en definiciones que reflejen además otros tipos de relaciones conceptuales, pero no en definiciones basadas exclusivamente en esta relación.

3.3.3. La definición sinonímica

La definición sinonímica (Bosque 1982; Ilson 1987; Robinson 1950; Sager 1990) consiste en definir ofreciendo uno o varios sinónimos. Este tipo de definición asume que el usuario conocerá el sinónimo, lo cual en recursos lexicográficos es «arriesgado» (Harris y Hutton 2009: 111) y se podría afirmar que en recursos terminológicos lo es todavía más, pues es aún menos probable que el usuario conozca el sinónimo en cuestión. En todo caso, en un recurso terminológico orientado al concepto como EcoLexicon, las definiciones sinonímicas no tienen lugar, puesto que los términos considerados sinónimos se asocian al mismo concepto y tienen, por ende, una definición común. Un ejemplo de definición sinonímica es:

ej. 16 COMIDA. Alimento.

También es habitual en algunos recursos lexicográficos ofrecer como definición varios sinónimos parciales, lo cual es aún menos riguroso porque se deja que el usuario adivine qué parte del contenido semántico asociado a cada sinónimo parcial debe elegir (Harris y Hutton 2009: 111).

3.3.4. La definición antonímica

La definición antonímica es una noción de Bosque (1982) que abarca la definición por exclusión y la definición por inclusión negativa de Rey- Debove (1967). El primer tipo consiste en definir una palabra negando su opuesto mediante un hiperónimo de significado negativo (ej. 17) y el segundo, mediante una negación sintáctica (ej. 18) (Rey-Debove 1967: 153-155).

ej. 17 ASIMETRÍA. Falta de simetría. [DLEDiccionario de la lengua española (Real Academia Española 2001)]

ej. 18 INCONFUNDIBLE. No confundible. [DLE]

Dentro de la definición antonímica, se puede concebir un tercer tipo: la definición mesonómica, consistente en una definición por exclusión doble (Borsodi 1966 apud Bosque 1982: 110). En una definición mesonómica, el definiéndum se identifica por medio de la exclusión de otras dos unidades:

ej. 19 INDIFERENCIA. Estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. [DLE]

La definición antonímica en terminología presenta los mismos problemas que la definición sinonómica en cuanto que confía en exceso en los conocimientos previos del usuario. Además, en el caso de la definición por excluyente negativo el genus es incorrecto, ya que, tomando el ej. 17, no se puede afirmar que lentitud sea un tipo de falta. No obstante, es posible incluir relaciones de oposición en una definición, pero no debe ser lo que determine el genus.

3.3.5. La definición serial

La definición serial (Bosque 1982: 109–110) es un tipo de definición en la que el definiéndum se sitúa en un punto de una determinada escala. Puede ser aristotélica o no. Bosque establece una tipología dentro de este tipo de definición recurriendo a las tres clases de estructuras seriales que distinguió Fillmore (1978 apud Bosque 1982: 109-110): ciclos, cadenas y redes.

Los ciclos representan series lineales cerradas como «mañana-tarde- noche» o «primavera-verano-otoño-invierno», es decir, la mañana precede a la tarde, la tarde precede a la noche, la noche precede a la mañana y así sucesivamente. Una definición serial de este tipo podría ser:

ej. 20 MARTES. Segundo día de la semana, posterior al lunes y anterior al miércoles.

Por su parte, las cadenas son series lineales no cíclicas, como «suspenso- aprobado-notable-sobresaliente». Por ejemplo:

ej. 21 NOTABLE. Calificación usada en los establecimientos de enseñanza, inferior al sobresaliente y superior al aprobado. [DLE]

Finalmente, las redes son estructuras que muestran relaciones cruzadas, como los sistemas de parentesco. Por ejemplo:

ej. 22 PRIMO. Respecto de una persona, hijo o hija de su tío o tía. [DLE]

Representar las relaciones entre conceptos que forman series puede ser útil en definiciones terminológicas, aunque es posible que en muchos casos deba añadirse más información, por lo que una definición exclusivamente serial es de limitada utilidad.

3.3.6. La definición morfosemántica

La definición morfosemántica (De Bessé 1990; Vézina, Darras, Bédard y Lapointe-Giguère 2009: 38) —también denominada definición por paráfrasis (Sager 1990)— consiste en describir una unidad léxica explicitando su morfología mediante una estructura semánticamente equivalente.

ej. 23 CONTAMINACIÓN. Acción y efecto de contaminar. [DLE]

Este tipo de definición obliga al usuario a consultar la definición de la otra unidad léxica a la que se le asocia en la definición. Ello se puede evitar sustituyendo dicha unidad léxica por su definición (en este caso, por la definición de contaminar en el mismo diccionario):

ej. 24 CONTAMINACIÓN. Acción y efecto de alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos.

No obstante, para redactar una definición morfosemántica válida no existe una fórmula única para cada relación morfosemántica, sino que hay que realizar un análisis de la unidad léxica que se va a definir y de la relación semántica que la une a la unidad léxica de partida (San Martín y L’Homme 2014).

3.3.7. La definición implicativa

La definición implicativa (Robinson 1950: 106–108; Sager 1990: 43) —también llamada definición contextual (Harris y Hutton 2009: 118)— consiste en definir una unidad léxica mediante su presentación en un contexto explicativo. Se trata, en principio, de una definición no aristotélica (ej. 25), ya que el definiéndum no se categoriza, aunque puede haber casos en los que el genus esté presente (ej. 26). En el caso de que no haya genus, la definición corre el riesgo de no ser rigurosa ni suficientemente informativa. Sin embargo, si se presenta la unidad léxica en un contexto en el que se ofrece el genus, se puede considerar una variante aceptable de la definición aristotélica como las definiciones de oración completa (§3.3.10)

ej. 25 OLEODUCTO. Un oleoducto transporta petróleo y sus derivados.

ej. 26 RECICLAR. Cuando una persona recicla algo, lo procesa para que puedan volverse a utilizar.

3.3.8. La definición relacional

La definición relacional (Rey-Debove 1967: 155–157) —también llamada definición formularia (Ilson 1987: 62)— hace referencia a la relación existente entre un definiéndum calificativo y las unidades léxicas que este puede calificar. Rey-Debove distingue dos tipos: las relativas (el defíniens es una oración de relativo) (ej. 27) y las preposicionales (el defíniens es un sintagma preposicional) (ej. 28).

ej. 27 RECICLABLE. Que se puede reciclar. [DLE]

ej. 28 DEPRISA. Con celeridad, presteza o prontitud. [DLE]

Este tipo de definición solo se emplea para adjetivos y adverbios y su uso está muy extendido como alternativa a la definición aristotélica para unidades léxicas pertenecientes a estas dos categorías gramaticales.

3.3.9. La definición en la lexicología explicativa y combinatoria

La lexicología explicativa y combinatoria (LEC) (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995) forma parte de la teoría sentido-texto (Mel’čuk 1981; Mel’čuk 1998), cuyo principal ejemplo práctico es el Dictionnaire explicatif et combinatoire du français contemporain (DEC) (Mel’čuk 1984). En terminología, los recursos DiCoInfo y DiCoEnviro (§2.2.3.4) siguen las pautas definicionales de la LEC. Al tratarse de una teoría de corte estructuralista, se concibe el significado de las palabras como independiente del mundo y eso se refleja en su concepción de la definición.

Para la LEC, la definición ha de limitarse a expresar la información denotativa, ya que la información connotativa se representa en otras partes del DEC. No obstante, ante la dificultad de distinguir ambas informaciones (lo que estriba de la frontera difusa entre semántica y pragmática que vimos en §2.1.2.1), Iordanskaja y Mel’čuk (1984: 36) admiten carecer de criterios generales al respecto.

Mientras que en la teoría sentido-texto las representaciones semánticas se presentan bajo la forma de redes en las que cada elemento semántico está enlazado mediante relaciones de predicado-argumento (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995: 73), en el DEC se prefiere representar la información semántica mediante definiciones, de modo que puedan interpretarse fácilmente por parte del usuario.

La forma y el contenido de las definiciones según el LEC están determinadas por seis reglas (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995):

1. La regla de la forma proposicional 2. La regla de la descomposición 3. La regla del bloque máximo 4. La regla de la estandarización

5. La regla de la sustituibilidad mutua 6. La regla del orden según la pertinencia semántica

La regla de la forma proposicional

De acuerdo con esta regla, si la unidad léxica que se va a definir es predicativa, esta debe presentarse en su forma proposicional. En otras palabras, su estructura argumental debe hacerse explícita en el definiéndum mediante el uso de variables que representen los argumentos (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995: 78). Por ejemplo, el definiéndum del verbo dar se presentaría de esta manera: «X da Y a Z».

En el defíniens, no solo se deben emplear las variables, sino que además se constriñe su naturaleza semántica cuando esta no resulta evidente para el usuario. Por ejemplo, en la definición de una de las acepciones de éclipser en el DEC, tanto la variable X como la variable Y son caracterizadas como «cuerpos celestes»:

ej. 29 ÉCLIPSER // X éclipse Y = Corps céleste X cause qu’un corps céleste Y disparaît (partiellement) de la vue d’un observateur, en se plaçant entre Y et l’observateur ou en projetant une ombre sur Y. (Elnitsky y Mantha 1992: 195)

La definición en la LEC es o bien de tipo aristotélico (en lo que respecta a que se puede localizar un genus y unas differentiae) como en el ej. 29 o de tipo relacional (§3.3.8) para adjetivos y adverbios, como en el ej. 30:

ej. 30 RISQUÉ // [X] risqué pour Y = [Fait X] qui représente un risqueI pour Y. (Milićević 1999: 306)

La regla de la descomposición

Para evitar la circularidad en el DEC, la regla de la descomposición exige que todas las unidades léxicas que se empleen para definir otra palabra deben ser más simples semánticamente que el definiéndum. Una unidad se considera más simple que otra cuando aquella no es necesaria para la definición de esta (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995: 80). Por ejemplo, si la definición de la palabra pulmón contiene la palabra respirar, pero en la de respirar no aparece pulmón, entonces respirar es más simple que pulmón.

No obstante, en las definiciones terminológicas el problema de la circularidad es menor que en el de las definiciones en diccionarios de la lengua general. En este sentido, como explica Béjoint (1997: 23), un diccionario de la lengua general es de carácter cerrado, porque todas las palabras en él contenidas han de definirse en el propio diccionario, mientras que un recurso terminológico es abierto porque hay palabras (pertenecientes a la lengua general) que aparecen en los defíniens que no se definen.

La regla del bloque máximo

De acuerdo con esta regla, si el contenido semántico de dos unidades léxicas presentes en una definición puede transmitirse con una sola unidad, debe hacerse así (Mel’čuk, Clas y Polguère 1995: 84). Por ejemplo, según esta regla en una definición terminológica no debería emplearse «energía generada a partir del viento» porque, en su lugar, es posible utilizar «energía eólica» que condensa esa misma información.

Con esta regla, se evitan los problemas de las definiciones compuestas solo de primitivos semánticos que resultan excesivamente largas (como las que propone Wierzbicka [1996]). De acuerdo con Mel’čuk et al. (1995: 84), con la regla del bloque máximo, no hay necesidad de elaborar previamente una lista de primitivos semánticos y, además, las definiciones son de una longitud óptima.

La regla del bloque máximo tiene, por tanto, por objetivo evitar la redundancia en las definiciones y reducir su longitud; sin embargo, es posible que un pequeño nivel de redundancia o el uso de más de una palabra (aunque emplear solo una sea posible) pueda ser útil para la adquisición de conocimientos por parte del usuario. Así pues, en nuestra opinión, esta regla debería estar supeditada a la optimización de la comprensión por parte del receptor de la definición. De hecho, esta regla no forma parte de las de DiCoInfo y DiCoEnviro (San Martín y L’Homme 2014).

La regla de la estandarización

Esta regla tiene el objetivo de evitar el uso de palabras ambiguas o sinónimos en las definiciones. Para ello, el número de acepción de cada unidad léxica debe explicitarse para que el usuario sepa a qué acepción exactamente se está haciendo referencia. Por ejemplo, mangerI.1.a en la definición de appétit:

ej. 31 APPÉTIT // appétit de X pour Y = désir de X de mangerI.1.a Y. (Mel’čuk y Robitaille 1999: 94)

La regla de estandarización también implica el uso de la misma unidad léxica para los significados que puede expresarse mediante distintas unidades léxicas. Es decir, es necesario elegir solo una unidad léxica entre un grupo de sinónimos y emplearla siempre esa sola en las definiciones. Por ejemplo, el lexicógrafo habría de elegir entre usar persona o ser humano en todas las definiciones, no debe alternarlas. Lo mismo ocurre con las expresiones que representan las relaciones existentes entre los elementos de una definición. Por ejemplo, Mel’čuk et al (1995: 88-89) proponen como ejemplo las siguientes estandarizaciones:

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Tabla 3. Estandarizaciones definicionales propuestas por Mel’čuk et al (1995: 88-89).

Mel’čuk et al. (1995: 90) defienden incluso que puede ser necesario no respetar de manera estricta las coocurrencias léxicas o el comportamiento sintáctico de algunas unidades léxicas para poder limitar al máximo el número de expresiones que se emplean en las definiciones.

En nuestra opinión, el empleo de un lenguaje controlado para las definiciones puede aportar coherencia a un recurso e incluso facilitar la tarea del lexicógrafo o terminólogo. Sin embargo, no compartimos la necesidad de no respetar de manera estricta las coocurrencias léxicas o el comportamiento sintáctico de algunas unidades léxicas, pues eso podría dificultar la comprensión. La definición debe ser un texto aceptable desde el punto de vista estilístico y, en el caso de las definiciones terminológicas, se deben respetar, en todo momento, las convenciones del lenguaje especializado en el que se enmarca habitualmente el definiéndum.

En lo que respecta al uso de los números de acepciones, las definiciones en EcoLexicon enlazan de manera automatizada mediante un hipervínculo a buena parte de los conceptos activados en la definición. Está previsto que en un futuro dichos hipervínculos puedan servir para desambiguar a qué concepto polisémico se hace referencia en una definición dada.

La regla de la sustituibilidad

Una definición adecuada debe poder sustituir su definiéndum en cualquier contexto. Como se vio en §3.2, se trata de una de las reglas más tradicionales en la elaboración de definiciones aristotélicas y tiene el objeto de comprobar si los componentes de la definición son necesarios y suficientes.

La regla del orden según la pertinencia semántica

Esta regla dicta que es necesario ordenar los componentes semánticos de la definición de acuerdo con su pertinencia semántica. Ello implica que aquellos componentes más pertinentes han de situarse más cerca del genus. Consideramos adecuado seguir esta regla siempre y cuando no se vea comprometida la redacción clara de la definición.

3.3.10. Las definiciones de oración completa

P. Hanks (1987) critica el uso de los paréntesis en los diccionarios porque hacen que la definición se vuelva demasiado complicada y, en vez de lograr mayor precisión —objetivo primordial del uso de paréntesis en las definiciones—, crea dificultades en la interpretación por parte del usuario. Algunos ejemplos que expone P. Hanks (1987: 116) son:

ej. 32 PACK. To form (snow, ice, etc) into a hard compact mass or (of snow, ice, etc) to become compacted. [CEDCED: Collins English Dictionary (AA. VV. 1986)]

ej. 33 PACK. To place or arrange (articles) in (a container), such as clothes in a suitcase. [CED]

ej. 34 FUSE. To (cause (metal) to) melt in great heat. [LDOCELDOCE: Longman Dictionary of Contemporary English (AA. VV. 1978)]

Ante este problema de los diccionarios monolingües y otras deficiencias observadas, Cobuild40 desarrolló un inventario de estrategias que especialmente conllevaban el uso de un estilo simple y directo, empleando palabras comunes para la elaboración de lo que se ha venido a llamar definiciones de oración completa (Sinclair 2004: 5).

Las definiciones de oración completa de Cobuild tienen dos partes. Con la primera parte ya se alejan de la tradición lexicográfica, pues se presenta la palabra dentro de una estructura típica (P. Hanks 1987: 117). Por ejemplo, como indica Rundell (2006: 325), los datos extraídos de los corpus de Cobuild, la palabra inglesa temerity suele aparecer con el patrón: «have the temerity+TO-infinitive», por lo tanto, el encabezamiento de la definición de temerity comienza con ese patrón (ej. 35).

ej. 35 If you say that a person has the temerity to do something… [CEFLDCEFLD: Cobuild English for Learners Dictionary (AA. VV. 2015)]

En cambio, la segunda parte de la definición se asemeja a una definición tradicional y es la que identifica el significado:

ej. 36 … you are annoyed about something they have done which you think showed a lack of respect. [CEFLD]

No obstante, esta segunda parte expone las características y usos típicos de la palabra que se define y no debe entenderse como un conjunto de condiciones necesarias o suficientes. En los diccionarios Cobuild se muestran los usos típicos de una palabra y no todos sus usos posibles, que pueden llegar a ser innumerables en muchos casos (Rundell 2006: 331).

Además, si se comparan las definiciones de oración completa con las definiciones tradicionales, se puede comprobar que parte de la información que suele ofrecerse en la definición tradicional (ej. 37) aparece en el encabezamiento de la definición de oración completa (ej. 38), de ahí que puedan prescindir de los paréntesis:

ej. 37 FUSE. To (cause to) stop owing to a fuse. (LDOCE apud P. Hanks 1987: 123)

ej. 38 When a light or some other piece of electrical apparatus fuses or when you fuse it, it stops working because of a fault, especially because too much electricity is being used. [CED apud P. Hanks 1987: 125]

Como se ha podido observar, para las unidades léxicas predicativas, las definiciones de oración completa permiten expresar la naturaleza de los argumentos, aunque sin implicar que las instanciaciones de los argumentos en la definición sean los únicos posibles:

There is a lot more linguistic information in an FSD [full-sentence definition] than in a traditional type of entry, and it does not all need to be explicit; all sorts of typical features of the cotext can be reproduced, suggested, alluded to, hinted at, without the necessity of a bald statement. At the present time this lack of precise accountability is a positive advantage. A traditional entry that attempted the same detail would have to commit itself at times when the evidence was diverse, or omit a potentially important semantic observation. So Cobuild can say with impunity “If the police arrest you…” even though there exists the legal possibility of a citizen’s arrest — Cobuild does not imply that no- one else can possibly arrest you; the traditional definitions are mealy- mouthed or vague in their attempts to wriggle out of commitment here (Sinclair, 2004: 5–6).

Por lo tanto, las definiciones de oración completa suponen una forma alternativa a las de la LEC (§3.3.9), en las que se explicitan los argumentos de las unidades léxicas predicativas. Si bien las definiciones de oración completa permiten representar de una manera más clara el significado de unidades léxicas predicativas, en el caso de unidades léxicas no predicativas las ventajas son más reducidas.

3.4. METODOLOGÍAS DEFINICIONALES COGNITIVAS EN TERMINOLOGÍA

3.4.1. La metodología definicional de la terminología sociocognitiva

La idea principal que defiende Temmerman (2000) respecto a la elaboración de definiciones es que es necesario reemplazar la definición tradicional por plantillas que puedan servir en la descripción de unidades de comprensión flexibles y difusas.

Como vimos en §2.2.1.3, Temmerman (2000) sustituye la noción de concepto por lo que denomina unidad de comprensión. Una unidad de comprensión es normalmente una categoría con una estructura prototípica y, rara vez, un concepto de límites precisos (Temmerman 2000: 223–224). Partiendo de esta base, Temmerman cree que solo los conceptos «tradicionales» permiten una definición que describa las características necesarias y suficientes del concepto. En lugar de ello, la autora presenta los siguientes principios (Temmerman 2000: 74):

Tomando estos principios como punto de partida, Temmerman investigó la mejor manera de definir tres tipos de unidad de comprensión: INTRON (entidad), BLOTTING (actividad) y BIOTECHNOLOGY (categoría colectiva).

En primer lugar, determinó la viabilidad de la definición intensional y extensional de estas tres unidades de comprensión, esto es, si se pueden definir mediante características necesarias y suficientes:

A continuación, estudió la estructura prototípica de las unidades de comprensión:

Finalmente, estudió la estructura intracategorial e intercategorial de las dos unidades de comprensión que mostraron estructura prototípica. Dichas estructuras cambian según el modelo cognitivo idealizado (marco) en el que se conciba la unidad de comprensión así como la perspectiva adoptada. Para obtener información acerca de la estructura intracategorial e intercategorial, Temmerman (2000: 97) defiende que es necesario recurrir al uso real de las categorías. La autora no considera que las unidades de comprensión existan como unidades independientes en el mundo objetivo, sino que lo que existe son los textos en los que los autores dan testimonio de cómo comprenden ellos las categorías dentro de un modelo cognitivo idealizado, que a su vez puede ser distinto del modelo cognitivo idealizado de otro autor.

BLOTTING es un proceso que consiste en varios pasos, por lo que para comprender la categoría es necesario conocer los pasos que lo estructuran intracategorialmente. Mientras que para comprender BIOTECHNOLOGY intracategorialmente es esencial la información histórica, sus aplicaciones y los tipos de empresa que se dedican a ello, intercategorialmente, será importante la perspectiva desde la que se conciba: otra disciplina, su carácter interdisciplinar, concienciación sobre la influencia positiva o negativa de la biotecnología, crecimiento económico, relación de la biotecnología con el derecho o con la educación.

A partir de los resultados de estos análisis, la autora llega a la conclusión de que la información esencial para comprender estas categorías es enciclopédica y que esa información tiene distintos grados de esencialidad y no se puede estructurar ni lógica ni partitivamente. Por ello, Temmerman (2000: 122) propone la siguiente plantilla para la descripción de unidades de comprensión:

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Tabla 4. Plantilla para la descripción de unidades de comprensión (Temmerman 2000: 122)

La plantilla de Temmerman (Tabla 4) no es más que una propuesta en la que la autora expone una lista de posibles tipos de información que cabe representar en una definición terminológica. Como se verá en la próxima sección, la TBM utiliza también plantillas definicionales, en las cuales a su vez se basan las que empleamos en los resultados de este trabajo (§5). A diferencia de la propuesta de Temmerman, las plantillas de la TBM tienen una aplicación práctica directa y, de hecho, se emplean actualmente en la redacción de definiciones en EcoLexicon.

3.4.2. La metodología definicional de la terminología basada en marcos

Para la TBM, las definiciones son representaciones del conocimiento y se conciben como la traducción a lenguaje natural de la estructura conceptual de un dominio (Faber 2002). La metodología definicional de la TBM está basada en dos pilares. El primero de ellos es la extracción del conocimiento mediante un enfoque tanto top-down como bottom-up, lo cual detallaremos en el capítulo dedicado a la metodología de este trabajo (§4.2.2). El segundo pilar son las plantillas definicionales, las cuales están basadas en los marcos de W. Martin (1994; 1998)W. Martin (1994; 1998) utiliza el término marco para hacer referencia a lo que en este trabajo denominamos plantilla definicional., el cual, a su vez, se inspiró principalmente en Minsky (1975; 1977) y, en menor medida, en Fillmore (1985). W. Martin recibió las mismas influencias que Barsalou et al. (1993), por ello, la representación que ambos hacen de los marcos es similar. La diferencia radica en que Barsalou utilizó los marcos desde un punto de vista teórico para representar constructos conceptuales de distintas dimensiones, mientras que Martin los emplea de manera más restringida para la representación de la información conceptual de una categoría con vistas a la redacción de definiciones tanto lexicográficas (1994) como terminológicas (1998).

Las plantillas están formadas por casillas (slots) que, al aplicarse a un concepto, reciben sus respectivas especificaciones (fillers), al igual que los atributos y valores que proponía Barsalou (1992). Un ejemplo de plantilla definicional propuesta por W. Martin (1994: 248) es la de ANIMAL:

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Tabla 5. Plantilla definicional para animal (W. Martin 1994: 247–248)

La plantilla para ANIMAL se aplicaría a todos los conceptos que formen parte de dicha categoría. Sin embargo, W. Martin (2001: 68) advierte de que la lista de casillas no refleja características suficientes y necesarias, sino que son de carácter enciclopédico, así que, además de características necesarias, explica —basándose en Cruse (1986: 16)— pueden ser características esperables y características posiblesEl resto de estatus posibles de una característica —que no aparecerían en una plantilla definicional— son no esperable y excluida (Cruse 1986: 16).. Además, a la hora de aplicar la plantilla a los conceptos que pertenecen a la categoría, no siempre se rellenarán todas las casillas, sino que elegirán aquellas que sean relevantes (W. Martin 1994: 247). En la plantilla de la Tabla 6 se puede ver cómo Martin aplica la plantilla de ANIMAL a RABBIT:

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Tabla 6. Plantilla definicional para rabbit (W. Martin 1994: 250)

En la plantilla de Tabla 6, podemos observar que no todas las casillas de la plantilla de ANIMAL se han rellenado. Por un lado, esto se debe a que se han seleccionado solo aquellas que son relevantes para este concepto. No obstante, por otro lado, tampoco se han rellenado aquellas casillas cuya especificación se hereda de RODENT, como, por ejemplo, que es un mamífero o que tiene dientes largos (W. Martin 1994: 250). A partir de la información contenida en la plantilla ya rellena, se elabora la definición.

Cabe reseñar la existencia algunas propuestas similares a las de Martin. Entre ellas podemos destacar la de Wegner (1985), que propone plantillas solamente para conceptos de alto nivel como persona, grupo, objeto, acción, etc.; la de Strehlow (1997), que defiende el uso de este tipo de plantillas para mostrar la información definicional de un concepto; y la de Atkins y Rundell (2008), que proponen plantillas para entradas lexicográficas completas. Las plantillas de estos dos últimos autores incluyen definiciones para determinadas categorías en las que tan solo hay que rellenar los huecos con la información correspondiente, por ejemplo, para unidades léxicas de la categoría animal: «a [size] [wild / domesticated] [carnivorous / herbivorous] mammal, Latin name XXX, having fur / hide [colour, markings], found in [habitat]. Also called XXX» (Atkins y Rundell 2008: 125). Asimismo, como hemos visto anteriormente, Temmerman (2000) también propone un plantilla para la confección de definiciones terminológicas, aunque su propuesta incluye una plantilla única que habrá de adaptarse según los casos.

El grupo de investigación LexiCon empezó a emplear las plantillas definicionales en su proyecto OncoTerm, dedicado al dominio de la Oncología. Para la redacción de definiciones se crearon diversas plantillas, como, por ejemplo, la de TREATMENT:

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Tabla 7. Plantilla definicional para la categoría TREATMENT (Faber 2002)

Si esta plantilla se proyecta en un concepto perteneciente a esta categoría, como RADIATION THERAPY, se generan los valores correspondientes a las relaciones conceptuales de la plantilla básica de TREATMENT:

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Tabla 8. Plantilla definicional para el concepto RADIATION THERAPY (Faber 2002)

La definición resultante de esta plantilla es la siguiente:

ej. 39 RADIATION THERAPY. Treatment [is-a] involving the use of high-energy rays [uses- instrument] to damage cancer cells and stop them from growing and dividing [has- function].

La relación conceptual correspondiente a has-location no se activa en este nivel de abstracción, pero sí en sus conceptos subordinados como INTRAPERITONEAL RADIATION THERAPY, cuya plantilla está basada en la de RADIATION THERAPY habiendo, pues, herencia de propiedades:

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Tabla 9. Plantilla definicional para el concepto INTRAPERITONEAL RADIATION THERAPY (Faber 2002)

La definición resultante de esta plantilla es la siguiente:

ej. 40 INTRAPERITONEAL RADIATION THERAPY. Internal radiation therapy [is-a] in which radioactive material is placed directly in the pelvic and abdominal cavities [has- location].

En este caso, las proposiciones conceptuales correspondientes a las relaciones uses-instrument y has-function no se activan en esta definición porque el concepto superordinado INTERNAL RADIATION THERAPY ya transmite esa información.

En EcoLexicon, las plantillas definicionales toman la siguiente forma: las casillas son las distintas relaciones conceptuales que puede activar el definiéndum y al cual se le aplica la plantilla, y las especificaciones son el concepto que está unido al definiéndum mediante la relación conceptual en cuestión. De este modo, la plantilla expresa proposiciones conceptuales en las que el definiéndum es el primer concepto. A continuación, se reproduce la plantilla definicional para la categoría HARD COASTAL DEFENSE STRUCTURE (la cual se aplica a todos los conceptos que forman parte de esa categoría en EcoLexicon) y la plantilla cumplimentada para GROIN, uno de los conceptos subordinados de HARD COASTAL DEFENSE STRUCTURE.

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Tabla 10. Plantilla definicional para la categoría HARD COASTAL DEFENSE STRUCTURE (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 156)

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Tabla 11. Plantilla cumplimentada y definición de GROIN a partir de la plantilla definicional de HARD COASTAL DEFENSE STRUCTURE (León Araúz et al. 2012: 156)

Como se puede observar, la plantilla de HARD COASTAL DEFENSE STRUCTURE explicita las relaciones que se activarán en las definiciones de sus subordinados (located-at, made-of y has-function) y el tipo de concepto que ocupará la especificación (SHORELINE, MATERIAL y COASTAL DEFENSE). La casilla de type-of está reservada al concepto superordinado cuya plantilla se ha aplicado y es la que determina el genus de la definición.

Las plantillas definicionales en EcoLexicon están íntimamente ligadas a las redes conceptuales que cada concepto desarrolla y que se representan mediante relaciones jerárquicas y no jerárquicas con otros conceptos dentro de la BCT. Mientras que las redes conceptuales representan el potencial semántico de un concepto, la plantilla definicional restringe dicho potencial de significado según la relevancia de dichas relaciones de acuerdo con factores como el contexto o el perfil del usuario. Así pues, las plantillas explicitan la estructura prototípica de la descripción conceptual de una categoría (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 150).

Por otro lado, León Araúz (2009) aplica los roles de la estructura de qualia, concepto perteneciente a la teoría del lexicón generativo de Pustejovsky (Pustejovsky 1995), a las plantillas definicionales. Los roles de qualia captan el modo en que los seres humanos entienden los objetos y las relaciones en el mundo, al tiempo que explican el comportamiento de los elementos léxicos (Pustejovsky 2006: 104). Tal y como señalan León Araúz et al. (2012: 148), cada rol de qualia representa un segmento del significado de una unidad léxica y, por ello, la estructura de qualia ofrece una forma sistemática de representar dimensiones conceptuales. Los cuatro roles son los siguientes (Pustejovsky 1995):

El rol formal se refiere a los mecanismos de categorización y, por ende, en EcoLexicon se corresponde con la relación conceptual tipo-de. Por su parte, el rol constitutivo hace referencia a las relaciones meronímicas como, por ejemplo, parte-de o compuesto-de. En lo que respecta al rol télico, la relación conceptual principal asociada a este rol es la de tiene- función. Por último, el rol agentivo concierne a las relaciones como resultado-de o afectado-por.

Por otro lado, en conjunción con los roles de qualia, la teoría del lexicón generativo además ofrece una tipología básica de conceptos relacionada con los roles de qualia (Pustejovsky et al. 2006). Primeramente, los conceptos se dividen en entidades, eventos y propiedades y, a partir de ahí, se subdividen en tipos naturales, tipos funcionales y tipos complejos (Pustejovsky et al. 2006: 1702):

Figura 11. Combinación de la tipología de conceptos y las relaciones conceptuales con los roles de qualia (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 149)
Figura 11. Combinación de la tipología de conceptos y las relaciones conceptuales con los roles de qualia (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 149)

León Araúz, Faber y Montero (2012: 149) —basándose en una versión inicial por Reimerink, León Araúz y Faber (2010: 19)— relacionan la tipología conceptual arriba presentada con los roles de qualia y las relaciones conceptuales de EcoLexicon (Figura 11).

De esta combinación, pueden extraerse cuáles son las relaciones conceptuales que deben ocupar un lugar preferencial en la descripción de conceptos en EcoLexicon y, por ende, en su definición. Por ello, León Araúz (2009) propone la integración de los roles de qualia en las plantillas definicionales de EcoLexicon. En las Tablas Tabla 12 y Tabla 13, podemos ver un ejemplo de la aplicación de los roles de qualia a las plantillas definicionales.

Las principales ventajas del uso de plantillas definicionales en un recurso terminológico son, por un lado, que estas dotan de consistencia y coherencia a las definiciones terminológicas, puesto que las definiciones de conceptos que pertenecen a la misma categoría recibirán definiciones con una estructura similar. Por otro lado, las plantillas definicionales pueden servir de guía al terminólogo en el proceso de extracción del conocimiento para su posterior representación en la definición terminológica.

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Tabla 12. Plantilla definicional de la categoría SOFT COASTAL DEFENSE ACTION basada en los roles de qualia (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 158)

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Tabla 13. Plantilla definicional de la categoría SOFT COASTAL DEFENSE ACTION basada en los roles de qualia aplicada a BEACH NOURSISHMENT (León Araúz, Faber y Montero Martínez 2012: 158)

3.5. LA SELECCIÓN DEL CONTENIDO DE LA DEFINICIÓN

La selección del contenido es una de las cuestiones esenciales respecto a la construcción de definiciones; sin embargo, la ausencia de pautas tanto en terminología como en lexicografía es muy destacable. Como señala Seppälä (2015: 24), mientras que existen algunas reglas sobre aspectos formales como la puntuación o el uso de las mayúsculas, no existen más que indicaciones generales sobre la selección de la información que se debe representar en una definición. Por ejemplo, estas son algunas de las reglas que exponen Cabré (1993: 210-213) y Vézina et al. (2009: 16-33):

Como se puede observar, estas reglas suponen unos requisitos mínimos para la redacción de definiciones aristotélicas. Sin embargo, no aseguran que la definición resultante sea satisfactoria con respecto a su contenido. Como vimos en el apartado dedicado a la categorización (§2.1.3), la determinación de los rasgos de un concepto es una cuestión compleja. Con respecto a una definición terminológica dada, Seppälä (2009: 47-48) distingue cuatro tipos de rasgos que un terminólogo puede extraer de sus fuentes de información en relación con la definición:

Así pues, la selección del contenido de la definición terminológica equivale a elegir aquellos rasgos que son relevantes. La relevancia de los rasgos depende de diversos factores, los cuales Seppälä (2012: 141-166; 2015) organiza en torno a tres dimensiones:

Con la intención de adaptar dicha clasificación a las necesidades de esta investigación, hemos redefinido las dimensiones de la siguiente forma:

3.5.1. La dimensión ontológica

La dimensión ontológica incluye los factores que explican la relevancia de los rasgos en función de la categoría ontológica a la que pertenezca el concepto que se define. Las categorías ontológicas son las categorías aplicables a cualquier dominio de la realidad (Spear 2006: 28), como podría ser ENTIDAD, EVENTO y PROPIEDAD. Esta dimensión equivale a la descrita por Seppälä (2012: 142-151) bajo el nombre de dimensión extensional.

Sin embargo, cabe destacar que existe considerable desacuerdo respecto a cuáles son esas categorías generales que son relevantes en cualquier dominio y sus características (Hoehndorf 2010). De hecho, los filósofos llevan más de 25 siglos discutiendo cuáles son las categorías ontológicas (Sowa 1995: 669). Por ello, no es de extrañar que existan varios tipos de ontologías de alto nivel como BFO (Spear 2006), SUMO (Niles y Pease 2001), DOLCE (Gangemi et al. 2002), etc., que organizan dichas categorías de manera distinta. Esta ausencia de una única clasificación de categorías ontológicas independientes de la lengua y del dominio se explica por el efecto de la corporeización y de otros factores que mediatizan la percepción del ser humano de la realidad. Por lo tanto, ya que no hay un conjunto único de categorías ontológicas, la selección de uno de ellos será una cuestión de conveniencia, como expone Westerhoff (2005: 218).

Seppälä (2012; 2015) emprendió la formalización de un modelo de selección de rasgos en definiciones basado en categorías ontológicas. Para su estudio, Seppälä utilizó la versión 1.0 de BFO a la que añadió algunas categorías más (2015: 37). En total, elaboró treinta y siete modelos relacionales, uno para cada categoría.

El formato de los modelos relacionales es similar a las plantillas de W. Martin (1994; 1998) y, por ende, a las plantillas utilizadas en EcoLexicon. Asimismo, al igual que en EcoLexicon (§3.4.2), las plantillas están organizadas de manera jerárquica, lo que implica que se produce herencia de configuraciones relacionales (lo que en EcoLexicon se denominan proposiciones):

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Tabla 14. Modelo relacional para la categoría OBJECT (Seppälä 2015: 38)

Así pues, Seppälä (2012; 2015) verificó si los modelos relacionales de BFO pueden predecir qué tipo de rasgos son relevantes en la definición según el tipo de categoría ontológica. Para ello, la autora anotó un corpus de 240 definiciones terminológicas en francés de 15 dominios distintos. La anotación consistió en señalar dentro de cada definición qué porciones corresponden con el genus y cuáles con las differentiae. Asimismo, cada differentia se etiquetó según la configuración relacional correspondiente en los modelos relacionales de BFO, incluida una etiqueta para los casos dudosos. Asimismo, cada definición se asignó a una de las categorías de BFO para poder comparar las categorías BFO con los resultados del análisis. De las 37 categorías ontológicas incluidas en el estudio, aparecieron representadas 16 en el corpus.

Una vez anotadas todas las definiciones, Seppälä realizó un análisis para determinar cuáles son las proposiciones más habituales para definir las categorías en el corpus y las comparó con los modelos relacionales. El resultado total fue que cerca del 75% de las configuraciones relacionales expresadas en las definiciones analizadas estaban presentes en los modelos de BFO correspondientes (Seppälä 2015: 42). El resultado, por tanto, indica que existe una correlación importante entre la categoría ontológica a la que pertenece el concepto que se define y el tipo de rasgo que resulta relevante.

A partir de sus resultados, Seppälä (2015: 42) defiende que es posible crear modelos basados en una ontología de nivel superior —refinados con los resultados obtenidos a través del análisis de definiciones existentes— que sirva de guía para la selección de los rasgos que se deben activar en una definición de acuerdo con la categoría ontológica del concepto que se define.

Cabe destacar que dentro de esta misma dimensión de la selección de rasgos, Seppälä (2012; 2015) incluye otros dos factores más. Por un lado, la autora habla de lo que ella denomina el factor tipo-instancia. Según este factor, es posible que la relevancia de determinados rasgos se vea afectada por el hecho de que el referente sea un tipo o una instancia; es decir, si el referente es un grupo de referentes o un referente único (Seppälä 2012: 148). A este respecto, Seppälä (2012: 147) hipotetiza que en el caso de que el referente del definiéndum sea una instancia es probable que la localización espacial y temporal tengan mayor relevancia que si se trata de un tipo.

Por otro lado, bajo el nombre de factor extensional, Seppälä (2012: 150) también afirma que la relevancia de determinados rasgos puede que dependa de la homogeneidad de la extensión del definiéndum, entendiendo principalmente homogeneidad como similitud física. De este modo, cabría esperar que cuanto más homogénea sea la categoría, más rasgos relevantes de tipo perceptual habrá que serán frecuentemente típicos. Por el contrario, en el caso de categorías heterogéneas, los rasgos relevantes tenderán a ser necesarios y de tipo causal o funcional.

En conclusión, el estudio de Seppälä (2012; 2015) demuestra que la categoría ontológica es un factor importante en la selección de rasgos de la definición. Sin embargo, los modelos relacionales creados por la autora están limitados a categorías de alto nivel, lo cual limita su aplicación a dominios especializados concretos, pues los factores funcionales y contextuales ejercen una fuerte influencia en la selección de rasgos. La autora es consciente de estas limitaciones y recuerda que los modelos relacionales que propone deben complementarse con otro tipo de marcos descriptivos conceptuales o léxico-semánticos (Seppälä 2015: 46).

3.5.2. La dimensión funcional

La teoría funcional de la lexicografía (TFL) (Bergenholtz y Tarp 1995; Bergenholtz y Tarp 2003; Tarp 2008) está basada en el supuesto de que cualquier recurso lexicográficoDe acuerdo con la TFL, los recursos terminográficos son un tipo de recurso lexicográfico. Por ello, para seguir la terminología utilizada por los autores de la teoría, en esta sección utilizaremos el término lexicográfico y sus derivados para referirnos tanto a la lexicografía como a la terminografía. debe crearse con el objetivo de satisfacer ciertos tipos de necesidades sociales (Tarp 2008: 43). Dicho supuesto está inspirado en la siguiente recomendación de Householder: «Dictionaries should be designed with a special set of users in mind and for their specific needs» (1967: 279). Esta recomendación se puede extender a las definiciones y afirmar que estas deben diseñarse con un conjunto específico de usuarios en mente y con vistas a sus necesidades concretas. De este modo, dado que compartimos con la teoría funcional de la lexicografía la importancia que otorgamos a esta cuestión, describiremos la dimensión funcional de la selección de rasgos en las definiciones terminológicas en el marco de esta teoría. La dimensión funcional tal y como la describimos en este trabajo incluye tanto los factores que Seppälä ha incluido en la dimensión comunicativa como el factor individual que forma parte de su caracterización de la dimensión contextual.

Así pues, de acuerdo con la TFL, antes de la creación de cualquier recurso, es importante analizar las situaciones de los usuarios potenciales, sus

Figura 12. La relación entre las cualificaciones del usuario, la situación del usuario, las necesidades y la asistencia diccionarística en la TFL
Figura 12. La relación entre las cualificaciones del usuario, la situación del usuario, las necesidades y la asistencia diccionarística en la TFL

cualificaciones y sus necesidades, así como de qué manera el recurso puede asistir al usuario a este respecto (Tarp 2008: 43).

Las situaciones de los usuarios, sus cualificaciones y sus necesidades son de naturaleza extralexicográfica, es decir, no están necesariamente relacionados con la lexicografía. Como puede observarse en la Figura 12, las cualificaciones de los usuarios potenciales y la situación extralexicográfica determinan las necesidades de los usuarios potenciales. Si estas necesidades pueden satisfacerse mediante la consulta de un recurso lexicográfico, entonces se consideran relevantes desde un punto de vista lexicográfico (Tarp 2008: 43-44). El cuarto elemento de la teoría es la asistencia diccionarística, que consiste en la información lexicográfica a partir de la cual los usuarios pueden extraer la información que necesitan (Tarp 2008: 58).

La noción central de la teoría es la de «función lexicográfica» que está basada en los cuatro elementos arriba mencionados. Una función lexicográfica se define como la satisfacción de los tipos específicos de necesidad relevantes desde un punto de vista lexicográfico que pueden surgir en un tipo específico de usuario potencial en un tipo específico de situación extralexicográfica (Tarp 2008: 81). En todo recurso lexicográfico, tanto el contenido como la forma deben concebirse tomando en consideración las funciones lexicográficas (Bergenholtz y Tarp 2003: 177).

Esta teoría es relevante para este estudio porque, cuando los lexicógrafos no tienen en cuenta las funciones lexicográficas a la hora de escribir definiciones, los recursos en los que estas se insertan no pueden satisfacer las necesidades de sus usuarios de forma óptima (Kwary 2011: 56). Por tanto, antes de escribir definiciones, es importante determinar las funciones lexicográficas del recurso en el que estas van a insertarse, de qué modo pueden asistir en el cumplimiento de dichas funciones y la relación de las definiciones con los otros elementos que conforman el recurso en lo que respecta al desempeño de esas funciones.

La dimensión funcional de la definición queda fuera del alcance de este trabajo. No obstante, es menester determinar las características funcionales de las que partiremos a la hora de tratar la dimensión contextual, puesto que al igual que las otras dos dimensiones, afecta directamente a la selección de rasgos. Tomaremos, pues, como punto de partida las características funcionales de las definiciones que forman parte de EcoLexicon. Con el fin de describirlas, a continuación revisamos los cuatro elementos que componen la TFL en relación con EcoLexicon y sus definiciones.

3.5.2.1. Las cualificaciones de los usuarios

Además de por la situación del usuario, que se tratará más adelante, las necesidades de los usuarios potenciales estarán en parte determinadas por sus conocimientos lingüísticos y enciclopédicos, ya que un usuario decidirá consultar un recurso lexicográfico para obtener o verificar algún tipo de conocimiento. Asimismo, en el diseño y desarrollo de un recurso lexicográfico, también es necesario tener en consideración el conocimiento que el usuario tiene sobre cómo emplear un recurso lexicográfico. Por este motivo, Tarp (2008: 55) divide las cualificaciones del usuario en lingüísticas y enciclopédicas por un lado, y en lexicográficas por el otro.

3.5.2.1.1. Las cualificaciones lingüísticas y enciclopédicas

Para definir las cualificaciones lingüísticas y enciclopédicas de los usuarios potenciales, Tarp (2008: 55) propone la siguiente lista de preguntas:

En el caso de EcoLexicon, la lengua materna de los usuarios potenciales no es relevante. EcoLexicon está dirigido a usuarios que simplemente dominan al menos el inglés o el español, ya que la interfaz del usuario y ciertos módulos solo se ofrecen en estas dos lenguas. Asimismo, si entienden inglés o español, los usuarios que dominen el griego, alemán, ruso, francés o neerlandés pueden también beneficiarse de EcoLexicon, ya que se proporcionan términos equivalentes en estas lenguas.

Respecto al dominio de una determinada lengua de especialidad y un tema, la distinción entre legos, semiexpertos y expertos se torna relevante. Dado que nació en el seno del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada, EcoLexicon se concibió como una BCT dirigida principalmente a traductores. Por tanto, EcoLexicon está dirigido principalmente a legos o a semiexpertos, ya que los traductores pueden ser categorizados como uno u otro dependiendo de su especialización y su experiencia.

Al definir los usuarios potenciales de EcoLexicon como legos y semiexpertos, los redactores científicos y técnicos y los estudiantes de cualquier disciplina perteneciente a los estudios medioambientales pueden incluirse también en el grupo de usuarios potenciales. Otro grupo potencial de un recurso terminológico medioambiental dirigido a legos y semiexpertos sería el de empleados del sector público y privado que trabajan a diario con información medioambiental, asesores en ciencia y tecnología para políticos, periodistas e incluso los propios políticos y líderes de opinión (Bergenholtz y Kaufmann 1997: 101).

Los expertos en cualquiera de las subdisciplinas de los estudios medioambientales tienen un estatus doble con respecto a EcoLexicon. Por un lado, dado que el medio ambiente es un vasto dominio multidisciplinar, es muy improbable que una persona pueda ser considerada como experto en todos y cada uno de los subdominios. Por ello, incluso un experto en un subdominio sería considerado semiexperto para una gran parte de la cobertura de EcoLexicon. Por el otro lado, aunque no es probable que las necesidades de conocimiento especializado de un experto las pueda satisfacer un recurso terminológico, el experto puede que no domine el inglés o español medioambiental y, por lo tanto, EcoLexicon puede asistirle a este respecto (Bergenholtz y Kaufmann 1997: 102).

En cuanto al conocimiento de cultura general, se espera que todos los usuarios potenciales de EcoLexicon sean usuarios con cierta formación general, así que dicha información no se proporciona. Sin embargo, no se asume ningún conocimiento cultural específico de un área geográfica, así que ese tipo de información se explicita en EcoLexicon cuando es necesario.

En lo que concierne a las definiciones, la lista de preguntas para determinar las cualificaciones lingüísticas y enciclopédicas propuestas por Tarp (2008: 55) puede adaptarse y reducirse a las siguientes cinco preguntas:

La primera pregunta no incluye referencia al estatus de la lengua como materna o extranjera porque la única cuestión importante es el dominio que el usuario tenga de esta. Por otro lado, las definiciones en EcoLexicon no se presentan en ningún tipo de inglés o español simplificado; por lo tanto, los usuarios potenciales han de tener un buen dominio de inglés o español.

En cuanto a las otras preguntas, las respuestas son las mismas que para EcoLexicon como recurso en conjunto. En otras palabras, los usuarios potenciales de las definiciones en EcoLexicon son legos formados o semiexpertos y no se espera que tengan conocimientos culturales previos específicos de un área geográfica. Los expertos también se benefician de las definiciones de conceptos de su propio dominio pero, como veremos más adelante, solo para apoyar sus consultas lingüísticas.

3.5.2.1.2. Las cualificaciones lexicográficas

Las cualificaciones lexicográficas de los usuarios potenciales están basadas en el conocimiento sobre cómo utilizar un recurso lexicográfico. Para caracterizarlas, Tarp (2008: 56) propone las siguientes preguntas:

Estas cuestiones son de especial relevancia para el diseño de recursos lexicográficos y su organización. Cualquier deficiencia que posean los usuarios potenciales a este respecto puede ser compensada mediante la adición de información sobre cómo utilizar el recurso.

Las definiciones son uno de los componentes más básicos de cualquier entrada lexicográfica y han sobrevivido durante siglos de práctica lexicográfica a lo largo una variedad de culturas lexicográficas (Lew 2010: 292). En la educación obligatoria, normalmente, los estudiantes aprenden cómo consultar un diccionario. Por ende, una definición estándar (un definiéndum seguido de su defíniens) no requeriría ninguna cualificación especial por parte del usuario. No obstante, las cualificaciones lexicográficas de los usuarios potenciales se tornan relevantes si la definición se desvía de algún modo de esta norma, como es el caso de la propuesta presentada en este trabajo. En este caso, se debe proporcionar a los usuarios la información necesaria para que saquen el mayor provecho de las definiciones mediante, por ejemplo, una guía de uso o un vídeo tutorial.

3.5.2.2. Las situaciones de los usuarios

Originalmente, la TFL solo concebía dos situaciones posibles: la cognitiva y la comunicativa (Tarp 2010: 195). Más adelante en el desarrollo de la teoría, las situaciones operativa e interpretativa se incluyeron a la tipologíaRecientemente, se ha propuesto añadir a la lista las situaciones evaluativas. Una situación evaluativa se da cuando una persona ha de evaluar los conocimientos de otra, como, por ejemplo, en un examen (Rodríguez Gallardo 2013: 87). Sin embargo, hemos decidido excluirla porque aún no se considera parte integrante de la TFL.. Así pues, de acuerdo con Bergenholtz y Bothma (2011: 61-62), los cuatro tipos de situaciones en las que los usuarios pueden requerir la asistencia de un recurso lexicográfico son la cognitiva, la comunicativa, la operativa y la interpretativa.

3.5.2.2.1. Las situaciones cognitivas

Ambos tipos principales de situaciones del usuario (cognitiva y comunicativa) crean necesidades de adquisición de conocimiento. La distinción entre ellos radica en si hay una intención de usar el conocimiento obtenido en un evento comunicativo presente o planificado (situación comunicativa) o el usuario quiere simplemente almacenar ese conocimiento en su cerebro (situación cognitiva) (Bergenholtz y Bothma 2011: 61). Las necesidades cognitivas no deben confundirse con las necesidades de conocimiento enciclopédico, ni las necesidades comunicativas con necesidades de conocimiento lingüístico (Tarp 2008: 87). Por ejemplo, querer conocer el significado de efflorescence o el plural de altostratum podrían ser consideradas necesidades cognitivas o comunicativas según las situaciones en que surjan tales necesidades.

En resumen, la principal diferencia entre una situación cognitiva y una comunicativa es que en la situación cognitiva no hay una intención comunicativa implicada:

In cognitive situations the potential user has a need for knowledge of some kind. The purpose is not to use it in the concrete situation, e.g. during text reception or in a specific situation to act or react in that situation, but simply to get the knowledge. The user wants to know or to have the sought-after knowledge and stores it in the brain for later use. (Bergenholtz y Bothma 2011: 61)

No obstante, cualquier conocimiento adquirido en una situación cognitiva, puede ser usado más adelante en una situación comunicativa. La TFL admite este hecho, aunque lo considera irrelevante:

The fact that information obtained by a user to fulfil his/her needs in a specific situation can also be used in another situation, is not relevant for the current concrete situation. (Bergenholtz y Bothma 2011: 62)

Siguiendo las definiciones dadas por Bergenholtz y Bothma (2011), un usuario potencial en una situación cognitiva sería, por ejemplo, un estudiante de geología que quiere saber lo que es la tomografía de resistividad eléctrica (situación cognitiva esporádica) o un legislador que desea entender la erosión costera y sus implicaciones en el desarrollo costero (situación cognitiva sistemática). Por otro lado, como se ha expuesto antes, de acuerdo con esta teoría, las situaciones cognitivas también pueden dar lugar a una necesidad de información lingüística, por ejemplo, un hidrólogo español que está aprendiendo inglés por motivos profesionales puede querer aprender la terminología en inglés relacionada con su dominio. En este caso, no hay un evento comunicativo concreto planificado, pero la razón por la que cualquier persona querría obtener algún tipo de información lingüística sería para usarla en un evento comunicativo futuro, ya sea determinado o indeterminado.

Tarp (2008: 45) describe ocho situaciones como principales ejemplos de situaciones cognitivas:

1. al leer: el deseo súbito de saber algo más acerca de una cuestión dada;

2. al escribir: la necesidad de saber más sobre un tema dado para finalizar un texto;

3. durante una conversación o discusión sobre algún tema específico;

4. durante procesos en el subconsciente: el deseo súbito de examinar algo;

5. durante la consulta de un diccionario: el deseo de saber más sobre un tema específico;

6. en relación con tareas de traducción e interpretación especializadas: la preparación para dichas tareas incluye aprender sobre el área de conocimiento en cuestión;

7. en relación con un programa de estudios: adquiriendo gradualmente conocimiento sobre un área de conocimiento específica;

8. en relación con un curso: la necesidad de saber más sobre un tema específico, por ejemplo.

Las ocho situaciones arriba expuestas demuestran que, a menudo, la distinción entre situación cognitiva y comunicativa puede ser difícil de establecer. En particular, cabe cuestionarse si los ejemplos 2, 3 y 6 no serían más bien situaciones comunicativas.

Aunque distinguir entre situaciones cognitivas y comunicativas no sea una tarea fácil, en nuestra opinión, sí resulta útil determinar las posibles situaciones extralexicográficas que pueden conducir a la consulta de un recurso lexicográfico sin necesidad de distinguir entre cognitivas y comunicativas.

EcoLexicon ha sido principalmente diseñado para satisfacer las necesidades de los usuarios potenciales en situaciones cognitivas que requieren la adquisición de información medioambiental o información lingüística relacionada con el inglés o el español especializado medioambiental (López Rodríguez, Buendía y García Aragón 2012: 62). De manera secundaria, EcoLexicon también asiste en situaciones cognitivas relacionadas con la necesidad de conocimiento relacionada con el griego, alemán, ruso, francés o neerlandés especializado medioambiental.

Por su parte, las definiciones en EcoLexicon asisten principalmente en la adquisición de información medioambiental en situaciones cognitivas. No obstante, la asistencia que ofrecen las definiciones en cuanto a la adquisición de información lingüística sobre el lenguaje especializado del medio ambiente en situaciones cognitivas también es importante, porque la terminología no puede divorciarse del significado que representa.

3.5.2.2.2. Las situaciones comunicativas

En situaciones comunicativas, el usuario potencial tiene una necesidad de información que le puede ser de asistencia en un evento comunicativo presente o planificado. Los siguientes son las situaciones comunicativas más relevantes para la Lexicografía (Tarp 2008: 53):

En cuanto a EcoLexicon, se ha desarrollado principalmente para asistir a usuarios en las siguientes situaciones comunicativas (López Rodríguez, Buendía y García Aragón 2012: 62):

De forma secundaria, EcoLexicon también asiste en la recepción, producción y traducción de textos medioambientales en alemán, ruso, griego, francés y neerlandés.

En situaciones comunicativas, las definiciones en EcoLexicon, al igual que en el caso de situaciones cognitivas, asisten principalmente en la adquisición de información medioambiental y, en menor medida, a la adquisición de información lingüística sobre el lenguaje especializado del medio ambiente.

3.5.2.2.3. Las situaciones operativas e interpretativas

En situaciones operativas, el usuario potencial necesita pautas o instrucciones relativas a operaciones físicas o mentales (Bergenholtz y Bothma 2011: 62). Un usuario potencial en una situación operativa sería, por ejemplo, alguien que quiere saber cómo se utiliza un barómetro o cómo se determina la clorinidad de una muestra de agua del mar. Las situaciones operativas pueden ser vistas como un tipo de situación cognitiva, ya que el usuario quiere adquirir conocimiento independientemente de un evento comunicativo.

En las situaciones interpretativas, el usuario potencial necesita interpretar un signo no lingüístico de algún tipo (Bergenholtz y Bothma 2011: 62). Un usuario potencial en una situación interpretativa sería alguien que quiere entender una señal de tráfico o las banderas de color que indican si es seguro el baño o no en la playa. Se podría argüir que las situaciones interpretativas son un tipo especial de situación comunicativa, ya que, durante la interpretación de una señal no verbal, hay comunicación.

Las situaciones interpretativas y operativas se han estudiado muy escasamente en relación con la Lexicografía y muy pocas herramientas lexicográficas se han creado para ser usada en ese tipo de situaciones (Bothma y Tarp 2013: 91). En situaciones operativas, un usuario potencial puede obtener asistencia de un manual o una guía de uso (Tarp 2007: 177) y en situaciones interpretativas, por ejemplo, en material informativo procedente de autoridades y diferentes organizaciones (Bergenholtz y Bothma 2011: 62).

Dado que las herramientas lexicográficas no tienden a cubrir necesidades surgidas en situaciones operativas o interpretativas, las definiciones no están diseñadas para asistir en ninguna de las necesidades relacionadas. Aunque poco práctico, no sería imposible. Por otro lado, una herramienta lexicográfica que pretenda proporcionar asistencia en situaciones operativas podría incluir, en sus definiciones de conceptos con un componente funcional, instrucciones de cómo utilizar instrumentos o cómo llevar a cabo actividades, aunque esto probablemente excedería la longitud habitual de una definición. Por otro lado, el definiéndum de las definiciones en un diccionario interpretativo podría ser una imagen. Sin embargo, para asistir en estas dos situaciones, podrían crearse campos específicos para incluir esa información, sin que ello sustituyera la definición.

3.5.2.3. Las necesidades de los usuarios

Las necesidades de los usuarios equivalen a la información que requieren estos para resolver sus problemas específicos (Tarp 2004: 28). En relación con los recursos lexicográficos, las necesidades de los usuarios relevantes son aquellas que pueden satisfacerse por medio de la consulta de un diccionario. Por ejemplo, los problemas concernientes a la estructura argumental o la puntuación de un texto no son problemas que normalmente pueda resolver un diccionario (Tarp 2008: 56).

Las necesidades de los usuarios se han clasificado en las relativas a la función y las relativas al uso (Tarp 2008: 57). Las necesidades relativas a la función (o primarias) son aquellas necesidades de información requerida para resolver problemas u obtener conocimientos. Las necesidades relativas al uso (o secundarias) son aquellas necesidades relacionadas con el uso de los diccionarios o en relación con un recurso lexicográfico concreto. Dado que las necesidades relacionadas con el uso incluyen las necesidades de información que ayuda a los usuarios a encontrar y confirmar la información que precisan (Tarp 2008: 57), ciertos tipos de necesidades que estarían relacionadas con la función serían necesidades relacionadas con el uso dependiendo de la situación. Por ejemplo, como veremos más adelante, una necesidad de significado puede ser tanto una necesidad relacionada con la función como una necesidad relacionada con el uso.

Tarp (2008: 57) ofrece la siguiente lista de necesidades relativas a la función que pueden ser o cognitivas o comunicativas:

De esta lista, las definiciones pueden prestar asistencia en las siguientes necesidades:

A este nivel de generalización, cualquiera de estas necesidades puede aparecer tanto en situaciones cognitivas como comunicativas. Por ende, en lo relativo a las definiciones y las necesidades del usuario, las cualificaciones lingüísticas y enciclopédicas de los usuarios potenciales son más importantes que la situación del usuario.

Las definiciones en EcoLexicon se centran en proporcionar información sobre un tema o ciencia específicos (más concretamente, el medio ambiente y sus subdominios). La información sobre lenguajes de especialidad no es directamente parte de la asistencia que proporcionan las definiciones en EcoLexicon porque las definiciones describen conceptos y no términos, aunque los términos están enlazados a los conceptos que designan. La información cultural se proporciona solo cuando se considera necesario debido a la naturaleza del concepto que se esté definiendo.

Por su parte, las necesidades relacionadas con el uso, que son aquellas que surgen en el momento en el que el usuario está obteniendo asistencia de un recurso lexicográfico (Tarp 2008: 57). Se las considera de tipo secundario porque se originan a partir de las de tipo primario. Las necesidades relacionadas con el uso pueden incluir las información o la instrucción necesarias para consultar un recurso lexicográfico, para lo cual, una definición no proporciona asistencia. Sin embargo, una necesidad secundaria también puede ser de tipo lingüístico o enciclopédico cuando se trata de confirmar o encontrar la información asociada a la necesidad primaria. Por ejemplo, una definición puede satisfacer una necesidad secundaria cuando aporta el significado de un término que aparece en la definición que el usuario consultó originalmente.

3.5.2.4. La asistencia diccionarística

El cuarto elemento de la teoría es la asistencia diccionarística, que consiste en la información lexicográfica a partir de la cual los usuarios pueden extraer la información que necesitan (Tarp 2008: 58). Así pues, en el caso de las definiciones, la asistencia diccionarística será el contenido conceptual representado en la definición al que los usuarios pueden acceder para satisfacer sus necesidades.

3.5.2.5. Las funciones lexicográficas y la necesidad de significado

Una vez que se han determinado los usuarios potenciales y sus necesidades lexicográficamente relevantes (en diferentes situaciones que puedan llevar a una consulta lexicográfica), es posible establecer las funciones lexicográficas del recurso (Bergenholtz y Tarp 2003: 176).

Tomando en consideración que los recursos lexicográficos pueden tener funciones con diferente nivel de importancia (Nielsen 2011: 212), las funciones principales de EcoLexicon (aunque no las únicas) serían:

En EcoLexicon, las definiciones cumplen las mismas funciones que las listadas arribas para toda la BCT, pues puede haber una necesidad de consultar un significado en cualquier situación que implique recepción textual, producción textual y traducción, así como, naturalmente, en la adquisición de conocimiento especializado. Sin embargo, la asistencia diferirá según la situación.

De acuerdo con Tarp (2008: 70), la necesidad de significado en la recepción textual procede de la necesidad de entender lo que significa una palabra y es, por lo tanto, una necesidad relativa a la función. Sin embargo, en la producción textual sería una necesidad potencial relativa al uso, ya que el usuario puede querer consultar el significado de una palabra para asegurarse de que está consultando la entrada adecuada (Tarp 2008: 72).

En cuanto a la traducción, lo anteriormente tratado acerca de la recepción y la producción textuales es también aplicable a la recepción y producción textuales durante la traducción. Por su parte, en lo que respecta a la fase de transferencia, hay una necesidad potencial de significado sobre las diferencias semánticas de los posibles equivalentes de traducción (Tarp 2004: 32).

3.5.2.6. La importancia de la dimensión funcional para la definición terminológica

Partiendo de lo expuesto sobre la TFL arriba, proponemos la división de la dimensión funcional de la selección de rasgos de la definición terminológica en dos vertientes interrelacionadas. La primera a la que llamaremos factores relativos al usuario y la segunda, factores relativos al recurso.

3.5.2.6.1. Los factores relativos al usuario

Los factores relativos al usuario son aquellos que afectan a la selección de rasgos de acuerdo con las funciones asignadas a la definición. Como hemos visto anteriormente, las funciones de la definición se determinan con arreglo a las necesidades del usuario que se quieren satisfacer, las cuales dependen, a su vez, de las cualificaciones de los usuarios y de la situación en la que surgen dichas necesidades.

En esta línea, dentro del marco del proyecto OncoTerm del grupo de investigación LexiCon, se elaboró una propuesta de definición variable que se adecuara al perfil del usuario (Jiménez Hurtado y Seibel 2004a; Seibel y Jiménez Hurtado 2004; Jiménez Hurtado y Seibel 2004b; Seibel 2002; Jiménez Hurtado y Seibel 2005). La propuesta de estas autoras hace mucho más hincapié en la adaptación del tipo de lenguaje utilizado (incluyendo la variación denominativa), que en los cambios en la selección del contenido de la definición, aunque también los contemplan:

[L]a definición solo se puede considerar variable si se adapta al conocimiento previo o compartido entre emisor y receptor, esto es, si se entiende el receptor como un usuario con un perfil bien determinado, de modo que tanto la estructura de la definición como su contenido semántico se basen en las estructuras de percepción cognitiva del mencionado receptor. (Seibel y Jiménez Hurtado 2004: 108)

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Tabla 15. Definición de PELVISCOPIA dirigida a un profesional de la salud (Jiménez Hurtado y Seibel 2004b: 125)

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Tabla 16. Definición de PELVISCOPIA dirigida a un paciente (Jiménez Hurtado y Seibel 2004b: 124)

Para sistematizar la elaboración de definiciones variables de acuerdo con el usuario, las autoras proponen la creación de un lenguaje controladoDe acuerdo con Huijsen (1998: 23), un lenguaje controlado es «an explicitly defined restriction of a natural language that specifies constraints on lexicon, grammar, and style. The overall aim of this restriction is the reduction in ambiguity, redundancy, size, and complexity». basado en lenguaje real extraído de corpus textuales discriminando los distintos tipos textuales (Jiménez Hurtado y Seibel 2005). Para adaptar la definición al usuario, en todas las definiciones se sigue el mismo esquema definicional, pero simplemente se cambia el tipo de lenguaje con el que se define, tanto recurriendo a estructuras sintácticas distintas para representar las relaciones conceptuales como a la variación denominativa, tal y como ocurre en textos reales que tienen distintos receptores. En las Tablas Tabla 15 y Tabla 16, se puede observar la diferencia entre la definición para un profesional de la salud del concepto PELVISCOPIA y la definición dirigida a un paciente.

Por su parte, Nielsen (2011), desde la TFL, también propone crear definiciones múltiples en recursos lexicográficos para satisfacer las necesidades de los distintos tipos de usuario. No obstante, Nielsen va aún más allá y propone también definiciones múltiples que satisfagan funciones concretas:

Experts, semi-experts and laypersons need different types of definition and different dictionary functions are best supported by meaning explanations that focus on different elements. […] [O]nline dictionaries can cope with different definitions of the same concept depending on user type, i.e. user-related definitions. This capability may be extended to function related definitions (Nielsen 2011: 215).

Con respecto a los conocimientos previos del usuario (lo que en la terminología de la TFL se denomina cualificaciones de los usuarios), Seppälä (2012: 156-157) plantea la hipótesis, la cual compartimos, de que cuanto menores sean los conocimientos que el usuario tiene del sistema conceptual en el que se inserta el concepto que se define, mayor será la cantidad de rasgos relevantes. Al mismo tiempo, cuanto mayores sean sus conocimientos, menores serán los rasgos relevantes.

3.5.2.6.2. Los factores relativos al recurso

Los factores relativos al recurso en el que se inserta la definición se agrupan en dos clases. El primer grupo incluye los factores que intervienen en la selección de rasgos que surgen de la relación entre las características del recurso en el que se inserta la definición y las funciones asignadas a la definición dentro de dicho recurso. En este primer grupo, pueden englobarse todos los factores relativos al formato del recurso, al lugar que ocupa la definición dentro del recurso y cómo puede el usuario interactuar con la definición.

Si el recurso es en papel, la selección de rasgos puede verse afectada, por ejemplo, por la limitación de espacio. Asimismo, si se trata de un recurso electrónico, puede influir la posibilidad de incluir hiperenlaces o textos flotantes (tooltips) en la definición o que el terminólogo tenga permitido crear más de una definición para el mismo concepto.

El segundo grupo de factores que pueden afectar la selección de rasgos son los que se refieren a la relación entre la definición y otros elementos que transmiten información conceptual en el mismo recurso. De acuerdo con Lew (2010), los medios a partir de los cuales se puede transmitir significado en un recurso léxico-terminológico se pueden dividir entre aquellos de base verbal y aquellos de base no verbalOriginalmente, Lew (2010) divide los medios entre verbales y no verbales, pero hemos considerado más adecuado denominarlos de base verbal y de base no verbal; porque en aquellos de base no verbal en ocasiones se utilizan también medios lingüísticos.. Entre los medios de base verbalA los medios de base verbal presentados por Lew (2010), podríamos añadir, entre otros, la nota enciclopédica, los sinónimos, los antónimos, los hiperónimos, etc., se encuentra la definición, el equivalente en otra lengua y el ejemploEspecialmente, en el ámbito de la Terminología, destacan los estudios sobre «knowledge-rich contexts» (Meyer 2001) o contextos de uso que transmiten información conceptual que puede ser potencialmente relevante para un usuario.. Mientras que entre los no verbales se encuentran las grabaciones de sonidos no lingüísticos, ilustraciones, fotografías, animaciones, vídeos y gráficosDe acuerdo con la clasificación de Lew (2010), dentro de los gráficos se incluirían las representaciones gráficas de jerarquías o redes conceptuales..

Por lo general, cuando un recurso contiene definiciones, estas suelen ser el medio primordial de transmisión de contenido conceptual y el resto de elementos que puedan cumplir esa función suelen ser auxiliares y estar subordinados a esta. Por ejemplo, si un recurso incluye definiciones e imágenes, la imagen suele apoyar la definición y no al contrario. En cualquier caso, el terminólogo puede decidir construir una definición independiente o hacer que esta necesite ir acompañada de algún otro elemento para satisfacer las necesidades del usuario. En el primer caso, que es el más habitual, la definición no se vería afectada por los otros elementos del recurso, mientras que en el segundo, la selección de rasgos sí se verá influida por la relación de la definición con los otros elementos relevantes.

En EcoLexicon, las definiciones han de ser coherentes con el resto de los módulos de EcoLexicon. Especialmente, el genus de las definiciones debe corresponderse con un concepto codificado como superordinado del definiéndum. Asimismo, siempre que resulte posible, la información que se representa en la definición debe estar también codificada en las proposiciones conceptuales que se muestran en los mapas conceptuales.

3.5.3. La dimensión contextual

La noción de contexto desempeña un papel crucial en diversas disciplinas como la psicología cognitiva, la inteligencia artificial, el procesamiento del lenguaje natural, el análisis del discurso, la semántica, la pragmática, la sociolingüística, etc. y cada una de ellas emplea la noción de formas diferentes. Relevantes a la terminología, podemos diferencias tres sentidos principales:

1. el contexto como las palabras que rodean una unidad lingüística en cuestión, también llamado co-texto (Lyons 1995: 271);

2. el contexto como ejemplo de uso que se añade en la entrada de un recurso lexicográfico o terminológico para mostrar una unidad lingüística usada un co-texto real (L’Homme 2004: 41);

3. el contexto, en su sentido más general, entendido como cualquier factor que afecta la interpretación real de un signo o una expresión (Kecskes 2014: 128), lo cual incluye también el co-texto.

Al hablar de la dimensión contextual de la definición terminológica, aludimos al contexto en la tercera acepción o, más específicamente, a los efectos que este tiene sobre la construcción del significado y, de manera indirecta, sobre el contenido de la definición terminológica.

Como ya se ha visto, en la definición no se describe el potencial semántico, pero tampoco se describen significados. Se describe un estadio intermedio que es una abstracción de los significados que tendría la unidad léxica en un contexto dado. Como ya se ha indicado, esa abstracción de significados que es el objeto de la definición recibe el nombre de presignificado. Sin contexto, no hay objeto de la definición, por lo cual, el contexto es una noción clave para la definición. De hecho, cuando se le presenta a una persona una unidad léxica sin un contexto explícito, esta crea un contexto prototípico a partir de eventos de uso pasados (Coulson 2001: 25).

Durante mucho tiempo en lingüística se había omitido el estudio del contexto porque se consideraba que era demasiado caótico e idiosincrático como para ser caracterizado de manera sistemática (Ervin-Tripp 1996: 35). De hecho, el contexto puede llegar a entenderse de una manera tan amplia que lo abarque absolutamente todo:

Aside from the surrounding deictic coordinates, aside from the immediate linguistic co-text and accompanying gestural expressions at closer view, the following determinants can influence the attribution of sense: the entire frame of interaction, the individual biographies of the participants, the physical environment, the social embedding, the cultural and historical background, and—in addition to all these— facts and dates no matter how far removed in dimensions of time and space. Roughly speaking, ‘context’ can be the whole world in relation to an utterance act. (Pinkal 1985: 36) (Traducción de Quasthoff [1994: 733])

En la misma línea, W. Hanks (1996) describe el contexto como una sombra escurridiza por la dificultad de caracterizarlo dada su amplitud e inherente complejidad:

What is context? Everything and nothing. Like a shadow, it flees from those who try to flee from it, evading the levels and categories of theory, and pursues those who try to flee from it, insinuating itself as the unnoticed ground upon which even the most explicit statements depend. If you are persuaded by the phenomenological concept of incompleteness, then context is inexhaustible. The more you try to specify it, the more blank spots you project, all in need of filling it. Ultimately, context is nothing less than the human world in which language use takes place and in relation to which language structure is organized. (W. Hanks 1996: 140)

Dada la inabarcable amplitud que puede adquirir la noción de contexto, Van Dijk (2008: 19) sugiere que el contexto debe definirse de manera más o menos amplia —esto es, con distinto nivel de generalidad y de granularidad— dependiendo del objetivo. Nuestro objetivo es el de caracterizar el contexto con respecto a la definición terminológica. Dado que el presignificado no es más que una abstracción de los significados de una unidad léxica a partir de determinadas restricciones contextuales, podemos afirmar que el contexto asociado a un presignificado también es una suerte de abstracción a partir de contextos reales. Por ello, llamaremos precontexto a las restricciones contextuales que se aplican a los presignificados en oposición a los contextos de uso concretos que determinan los significados. Antes de proceder a caracterizar los elementos que componen el precontexto de la definición terminológica, primero realizaremos la distinción entre contexto conceptual y contexto situacional.

3.5.3.1. El contexto conceptual, el contexto situacional y elprecontexto

En este trabajo, concebimos que la noción de contexto tiene dos vertientes principales. La primera es la noción de contexto como fenómeno mental (Ungerer y Schmid 1996: 47), el cual podemos llamar contexto conceptual, en la cual el contexto es una representación conceptual en forma de marcos que se utilizan para la interpretación de la realidad y, por extensión, de los enunciados lingüísticos. La segunda vertiente es la que a menudo se denomina la situación o contexto situacional que podría definirse como el estado de las cosas en el mundo real (Ungerer y Schmid 1996: 48). El contexto conceptual se genera a partir de aquellos elementos que cada interlocutor considera relevantes del contexto situacional. Así pues, el contexto situacional está compuesto por hechos objetivos mientras que el contexto conceptual está formado por interpretaciones intersubjetivas (Auer 2009: 94). El contexto situacional no afecta directamente el lenguaje y la cognición, solo lo hace mediante el contexto conceptual (Van Dijk 2008: 16).

Figura 13. Contexto conceptual y contexto situacional
Figura 13. Contexto conceptual y contexto situacional

A su vez, como parte del contexto conceptual, podemos distinguir dos componentes interrelacionados: por un lado, la interpretación del contexto situacional per se y, por otro, el conocimiento de fondo que se activa para poder interpretar tanto la situación como el contenido de la comunicación (Figura 13). Por ejemplo, imaginemos un hidrólogo que lee la oración «La fracturación hidráulica contamina acuíferos» en un artículo de investigación. La parte de la interpretación del contexto situacional comprendería la representación mental acerca de los elementos de la situación que ayudan al hidrólogo a interpretar el texto (quién es el autor, el resto del texto que acompaña a la oración dentro del artículo, las características del lenguaje usado por el autor, el tema de que trata el artículo, el punto de vista adoptado por el autor, etc.). En lo que respecta al conocimiento de fondo, se trata de los marcos —incluidos los espacios mentales (Fauconnier 1994; 1997) (§2.1.2.1)— que activan las unidades léxicas contenidas en la oración a partir de su contextualización y que son necesarios para su comprensión. Los interlocutores asumen que buena parte de dicho conocimiento de fondo es compartido (Leech 1983: 13) y, como ya hemos visto, se puede considerar que, no solo da lugar al significado junto con la interpretación del contexto situacional, sino que forma parte integrante del significado.

Figura 14. Contexto conceptual, contexto situacional y precontexto
Figura 14. Contexto conceptual, contexto situacional y precontexto

El precontexto de la definición terminológica es una abstracción de la interpretación del contexto situacional (Figura 14). En este trabajo, puesto que nuestro enfoque es aplicado, entendemos el precontexto como un conjunto de restricciones contextuales que permiten limitar el potencial semántico de una unidad léxica de manera más o menos predecible dando lugar al presignificado.

Así pues, a continuación revisamos qué restricciones contextuales pueden formar parte del precontexto aplicado a la definición terminológica. Para ello, tomaremos como punto de partida los elementos más relevantes que forman parte del contexto situacional.

3.5.3.2. Los factores contextuales

La labor de caracterizar los factores contextuales que afectan a la interpretación de las unidades léxicas en eventos de uso reales es compleja, ya que, además de lo inabarcable que puede llegar a ser la tarea, los distintos factores están interrelacionados y es difícil delimitarlos de manera precisa. Son numerosos los autores que en las últimas décadas, de manera directa o indirecta, han estudiado el efecto del contexto en el significado (Clark 1996; Sperber y Wilson 1996; Coulson 2001; Carston 2002; Croft y Cruse 2004; Récanati 2004; Langacker 2008; Evans 2009; Asher 2011; Kecskes 2014; inter alia). Hemos clasificado los elementos más importantes reseñados por estos y otros autores en las categorías que describimos a continuación.

3.5.3.2.1. El contexto lingüístico

El contexto lingüístico o co-texto consiste, como ya se indicó, en las palabras que acompañan a la unidad léxica en cuestión en un evento de uso. Su importancia reside en que las unidades léxicas ven especificada su concepción al combinarse con otras palabras. Por ejemplo, si el término pesticida se combina con tóxico en un evento de uso concreto, el potencial semántico de pesticida se reduce y, a falta del resto de contexto, cobran importancia las características relativas a la toxicidad del pesticida y se activan marcos como el de la CONTAMINACIÓN o SALUD HUMANA.

Las palabras que están inmediatamente antes y después de la unidad léxica en cuestión reciben el nombre de contexto local (Dash 2008: 23). Un estudio de Choeuka y Lusignan (1985) hecho en lengua francesa descubrió que las personas son capaces de distinguir con una fiabilidad del 90% los sentidos de palabras polisémicas con una ventana de dos palabras de contexto delante y detrás de la unidad léxica en cuestión. Sin embargo, el contexto local no es suficiente para caracterizar el significado de una unidad léxica, aunque su influencia es destacable.

Otros contextos más amplios son el contexto enunciativo (Evans 2009b: 230), que se refiere al resto de palabras que componen el enunciado donde se encuentra la unidad léxica en cuestión. Este entorno, mayor que el del contexto local, permite reconocer las relaciones sintácticas con el resto de componentes (Dash 2008: 26), lo cual provee de mayor información sobre la modulación del significado de la unidad léxica. Asimismo, es posible considerar como contexto elementos lingüísticos de mayor tamaño; de hecho, no hay un límite determinado respecto a lo que abarca el contexto lingüístico en lo que se refiere a la longitud (Langacker 2008: 465).

Hay dos tipos principales de restricciones contextuales de tipo lingüístico que se pueden aplicar a la definición terminológica. La primera es muy común en los recursos terminológicos y se da cuando el definiéndum es una unidad terminológica compuesta, que puede concebirse como una manera de contextualizar lingüísticamente las unidades simples que lo componen. El otro tipo de restricción contextual, que se vio al tratar la regla de la forma proposicional de la metodología definicional de la LEC (§3.3.9), consiste en mostrar el definiéndum en su estructura argumental.

3.5.3.2.2. El contexto discursivo

Croft y Cruse (2004: 102) exponen que el tipo de discurso en el que se activa la unidad léxica afecta la construcción del significado. Para describir las características del discurso, unas de las nociones más empleadas son las de campo, modo y tenor (Gregory y Carroll 1978), que Cabré (1999: 46) adapta al lenguaje especializado y convierte en cinco categoríasCabré (1999: 46) originalmente propone cuatro categorías, pues incluye en la misma categoría el nivel de formalidad y el nivel de abstracción;.:

Estos factores discursivos se utilizan en el estudio de la variación denominativa, aunque cada uno de ellos tienen distinto nivel de influencia (Freixa 2006: 56-57). Lo mismo ocurre con la variación conceptual en eventos de uso reales, pues cada uno de los factores tiene un nivel de influencia diferente.

Aunque sería necesario llevar a cabo estudios que lo demostraran, es de esperar que, si bien el canal, el propósito comunicativo y el grado de formalidad del discurso en determinados eventos de uso pueden afectar a la interpretación de una unidad terminológica, cada uno de ellos aislados no parece que puedan permitir predecir la interpretación; por ejemplo, no es probable que sea posible determinar de qué manera regular tiende a cambiar la conceptualización del término solifluxión cuando se utiliza en una comunicación oral frente a una escrita, cuando el emisor tiene un propósito comunicativo como argumentar o evaluar, o cuando el nivel de formalidad es más o menos alto. Por lo tanto, el precontexto de una definición terminológica no contendrá restricciones asociadas a estos factores.

No obstante, la situación es diferente respecto al tema y al nivel de especialización. Por un lado, dependiendo del tema del discurso — también denominado contexto temático (Miller y Leacock 2000; Dash 2008)— una unidad léxica tenderá a activar distinto contenido conceptual sin que se considere polisemia (retomaremos la cuestión de la polisemia y la variación contextual en §3.5.3.5.1). Por ejemplo, en el caso del término agua y su concepto asociado AGUA (en su sentido principal como sustancia cuya fórmula química es H2O), varía su conceptualización si se activa en un evento comunicativo que tenga como tema la geología, pues tenderá a conceptualizarse como un agente en el proceso de erosión, mientras que si el tema es el tratamiento de aguas residuales, el concepto AGUA, siendo el mismo concepto, se activará como el paciente de distintos procesos de tratamiento (León Araúz y Faber 2010: 16). Por lo tanto, el contexto temático sí permite realizar una abstracción de los cambios en la conceptualización de una unidad terminológica.

El contexto temático cobra una relevancia particular en el ámbito de la terminología, dado que los términos son inseparables del área temática o dominio en el que se activen. Como expone Cabré (1999: 135), «[l]os términos son siempre temáticamente específicos, de forma que no hay término sin ámbito que lo acoja». Así pues, este factor sí se incluye en el precontexto de la definición terminológica. De hecho, en §3.5.3.4 lo presentaremos en mayor profundidad, pues se trata del foco principal de esta investigación.

En cuanto al nivel de abstracción (o nivel de especialización), este está íntimamente ligado al tema, pues puede definirse como la profundidad con la que este se trata. El nivel de abstracción dependerá principalmente de los conocimientos que tiene el receptor sobre el tema (Cabré 2000c: 29), dado que el emisor adaptará su mensaje para que el receptor pueda interpretarlo. Ello no solo conlleva el uso de variantes terminológicas más fáciles de comprender para el receptor, sino que también varía el contenido conceptual que se activa, que suele ser más impreciso (Fernández Silva 2011: 71).

Cabe señalar que aquí estamos haciendo referencia a los conocimientos previos de un receptor en un evento de uso concreto, que no es el mismo receptor que el de la definición terminológica. En el apartado dedicado a la dimensión funcional de la definición (§3.5.2), tratamos la cuestión de la adaptación a los conocimientos previos del usuario, que es esencial para la definición terminológica. Sin embargo, los conocimientos previos del receptor en un evento de uso —lo cual, como hemos señalado, determina el nivel de especialización del discurso— y el modo en que esto causa variación en el significado de una unidad léxica concreta se verá anulado en el marco de la definición terminológica por la necesidad de adaptación al receptor de la definición. Por ejemplo, aunque el término solifluxión se utilice en discursos de nivel especializado alto dirigido, por tanto, a especialistas, si la definición terminológica va dirigida a un público lego el contenido de la definición se adaptará a este público independientemente del destinatario habitual del discurso en el que suela activarse ese término. Así pues, el nivel de especialización no forma parte del precontexto de la definición terminológica.

3.5.3.2.3. El contexto sociocultural

El contexto sociocultural incluye la actividad social en la que se desarrolla la comunicación, las características de los participantes en la comunicación (clase social, sexo, edad, cultura, ideología, etc.) y relación entre los participantes (incluidas las relaciones de poder) (Croft y Cruse 2004: 103; Van Dijk 2008: 172-173; Auer 2009: 93). Este contexto se solapa en gran medida con el contexto discursivo, ya que la configuración del discurso se ve influida por los participantes y la situación social.

Por consiguiente, dejando de lado aquellos elementos que ya han sido cubiertos en el contexto discursivo y aquellos que es probable que no tengan gran influencia en la construcción del significado de las unidades terminológicas, los dos componentes del contexto sociocultural más relevantes para la definición terminológica son la cultura y la ideología.

Estas dos nociones son altamente complejas y controvertidas (Blommaert 2006: 510; Van Dijk 2009: 156) y conviene no confundirlas:

It is important not to confuse (cultural) communities and (ideological) groups. The same community may have different ideological groups, which may be ideologically different, but share many of the cultural dimensions (language, norms, values, etc.) of their community. Thus, pacifists, feminists or socialists are not “cultural” communities, but ideological groups within cultural communities – so that Japanese feminists may be quite different feminists from those in the USA, for instance. (Van Dijk 2009: 158)

La dimensión cultural e ideológica de la terminología ha recibido la atención de diversos autores (Gambier 1991; Boulanger 1991; Wußler 1997; Lara 1999; Diki-Kidiri 2000; Gaudin 2003; Temmerman 2006; Faber 2009; Faber y León Araúz 2014, inter alia) que han destacado la importancia de los factores culturales e ideológicos no solo en la variación denominativa, sino también en la conceptual.

En lo que respecta a la dimensión cultural, Faber y León Araúz (2014) abogan por la necesidad de incluir en los recursos terminológicos el componente cultural en la representación conceptual y, entre los numerosos ejemplos que exponen, ofrecen el del concepto EROSION, que dependiendo del contexto cultural verá alterado su significado:

Perception of EROSION can also be culture-bound since ice-produced erosion (and its related concepts) will be more salient or prototypical in language-cultures in Arctic regions. All of this context-modulated information should be available for potential activation when the user wishes to acquire knowledge about it. (Faber y León Araúz 2014: 140)

En cuanto a la ideología, a pesar de que varios autores han destacado su importancia en la terminología, no se han realizado estudios que hayan profundizado en la cuestión (Fernández Silva 2011: 68). No obstante, los efectos de la ideología en la conceptualización son evidentes. Un caso representativo de cómo la ideología subyacente a un evento de uso puede cambiar el significado de una unidad terminológica es el término calentamiento global que no activará el rasgo «provocado por la actividad humana» (o incluso activará el rasgo «no provocado por la actividad humana») si se emplea en un contexto de negacionismo del cambio climático.

El contexto cultural y el ideológico están muy relacionados con el contexto temático, que hemos visto en el apartado anterior. La frontera, de hecho, puede ser difusa, ya que dentro de una misma área temática pueden coexistir distintos puntos de vista que pueden considerarse o no debidos a diferencias culturales e ideológicas:

En una mateixa disciplina poden conviure escoles de pensament diferents (i a vegades obertament enfrontades), corrents organitzats, treballs de recerca que es duen en paral·lel i que no són necessàriament coincidents, o punts de vista diferents sobre un mateix objecte. (Tebé 2005: 17)

En definitiva, tanto cultura como ideología son componentes que pueden formar parte del precontexto de la definición terminológica ya que son dos factores contextuales cuyo efecto sobre la conceptualización puede ser predicho y representado en una definición terminológica.

3.5.3.2.4. El contexto espaciotemporal

Como su propio nombre indica, este contexto tiene una vertiente espacial y temporal. La vertiente espacial hace referencia al lugar en el que se desarrolla la comunicación e incluye particularmente aquello que los participantes pueden percibir en su entorno inmediato (Croft y Cruse 2004: 103). En eventos de uso reales, especialmente en la comunicación oral, es muy importante porque permite la interpretación de elementos deícticos (Auer 2009: 92). Sin embargo, en lo que respecta a nuestros fines, no es probable que sea posible realizar una abstracción de los contextos espaciales posibles y encontrar patrones que determinen cómo varía el significado de las unidades léxicas según el entorno físico en el que se produce el evento de uso en el que se activan. Por lo tanto, la vertiente espacial no forma parte del precontexto para la definición terminológica.

En cuanto al contexto temporal, este se refiere a cuándo se produce la comunicación. Mientras que en eventos de uso reales el día de la semana o la hora pueden ser muy relevantes en la interpretación de enunciados así como en la interpretación de elementos deícticos, el aspecto del contexto temporal que puede resultar importante para la definición terminológica es la diacronía. Como ya se ha visto, varias corrientes teóricas terminológicas como la socioterminología (§2.2.1.1) y la TSC (§2.2.1.3) han incluido explícitamente el estudio de los términos en su evolución histórica. Dado el dinamismo del conocimiento especializado, el potencial semántico de las unidades terminológicas se va alterando con el paso del tiempo. Por tanto, el precontexto de la definición terminológica puede incluir restricciones contextuales diacrónicas.

3.5.3.3. El precontexto en la definición terminológica

Tras el análisis realizado en el apartado anterior de los principales factores contextuales en la construcción del significado, hemos concluido que el precontexto de la definición terminológica puede presentar las siguientes restricciones (Figura 15):

Figura 15. Contexto, significado, precontexto, presignificado y potencial semántico
Figura 15. Contexto, significado, precontexto, presignificado y potencial semántico

A continuación, pasamos a tratar en mayor detalle las restricciones temáticas en la definición terminológica, pues se trata del foco de nuestra investigación.

3.5.3.4. Las restricciones temáticas

Las restricciones temáticas reducen el potencial semántico de una unidad léxica con arreglo al asunto que se trata en el acto comunicativo y al punto de vista adoptado. Como hemos indicado antes, el tema del discurso permite predecir en mayor medida que otros factores contextuales de qué manera se va a restringir el potencial semántico de una unidad léxica dada. No obstante, la noción de tema es demasiado amplia e inespecífica, ya que el tema de un discurso puede caracterizarse con distintos niveles de generalidad y desde distintas perspectivas. Por poner un ejemplo, de un mismo discurso se podría decir que el tema es «la energía», «la energía eólica», «la energía eólica marina», «la energía eólica marina en la costa de Andalucía», etc. Asimismo, el mismo tema puede tratarse desde distintos puntos vista, así, la caracterización del tema en el ejemplo anterior podría incluir una matización sobre la perspectiva adoptada «desde el punto de vista del impacto medioambiental», «desde el punto de vista de la tecnología empleada», «desde el punto de vista legislativo», etc. A su vez, la perspectiva adoptada puede expresarse con mayor o menor granularidad, por ejemplo, en vez de «desde el punto de vista legislativo», podría ser «desde el punto de vista del Real Decreto 1028/2007».

En este trabajo, para caracterizar de manera sistemática la abstracción que suponen las restricciones temáticas recurrimos a la noción de dominio. Dicha noción puede entenderse, por un lado, como equivalente de categoría conceptual o marco, o como un campo de conocimiento especializado (Faber y León Araúz 2014: 142). Es el segundo sentido el que utilizamos en este trabajo, el cual es sinónimo (o cuasi-sinónimo) de disciplina, área temática, área especializada, ámbito temático, área especializada, campo temático, campo especializado, etc.

Los dominios pueden entenderse como una suerte de macromarcos que subsumen a su vez otros marcos a partir de los cuales se organiza y se categoriza una parcela de conocimiento. Los conceptos que se incluyen en un dominio no pertenecen a él, sino que se activan en él con una conceptualización específica que variará si se activa en otro dominio (Cabré 1999: 124).

Los dominios son constructos humanos y, como tales, no son universales ni estables, sino que son dinámicos y de límites difusos (Tebé 2005: 17). Los dominios pueden clasificarse según diferentes visiones o necesidades, no hay una clasificación única válida:

Les domaines sont délimités en fonction des visions des connaissances, des pratiques sociales et des besoins des utilisateurs. Il existe plusieurs façons de procéder au découpage des connaissances et des activités, qui correspondent à plusieurs points de vue. […] C’est en fonction d’une perspective, d’un point de vue particulier, d’un cadrage, que sera détermine le contour d’un espace conceptuel. (De Bessé 2000: 187)

Las clasificaciones por dominios más conocidas que abarcan todo el conocimiento humano son las que tienen un fin documental. Las más utilizadas son la clasificación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la clasificación decimal Dewey, aunque también goza de popularidad la clasificación decimal universal (Lazarinis 2014: 139). Cada una de ellas, debido a sus diferentes características, son más o menos aptas para distinto tipo de tareas. Por ejemplo, como explica Lazarinis (2014: 150), las bibliotecas públicas tienden a utilizar más la clasificación decimal Dewey y las bibliotecas académicas la clasificación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, debido a que clasificación decimal Dewey tiene un mayor número de categorías de alto nivel

Por lo general, los recursos terminológicos multidisciplinares no utilizan las clasificaciones documentales y emplean las suyas propias, como es el caso de TERMIUM Plus, el Grand Dictionnaire Terminologique o Termcat. Una excepción es IATE, cuya clasificación por dominios está basada en EuroVoc, un tesauro multilingüe creado para fines documentales por la Oficina de Publicaciones de la Unión Europea.

En este trabajo utilizamos una versión simplificada de la clasificación de dominios creada expresamente para EcoLexicon, la cual, como se expone en §3.6.1, se desarrolló para gestionar la multidimensionalidad mediante restricciones contextuales basadas en dominios.

3.5.3.5. La división de sentidos

3.5.3.5.1. La polisemia y la variación contextual

El fenómeno sobre el que se centra este estudio es la variación contextual (también conocido como vaguedad). No obstante, para caracterizar la variación contextual es necesario previamente abordar el fenómeno de la polisemia y sus diferencias con la variación contextual.

El potencial semántico de una unidad léxica se compone de uno o varios conceptos junto con los marcos que estos pueden evocar. Cuando una unidad léxica está asociada a más de un concepto, se produce el fenómeno de la ambigüedad léxica (Cruse 2011: 100). Cada uno de los conceptos asociados a una unidad léxica dada recibe el nombre de sentido. Tradicionalmente, se conciben dos tipos de ambigüedad léxica: la polisemia y la homonimia. La polisemia es el fenómeno que ocurre cuando los conceptos relacionados con una unidad léxica están relacionados entre sí (esto es, que presentan solapamiento en mayor o menor grado). Por su parte, la homonimia es cuando dichos conceptos no están relacionados.

La ambigüedad léxica no suele provocar problemas a nivel comunicativo (Falkum y Vicente 2015: 1), ni siquiera en ámbitos especializados, en los que la polisemia es también muy común independientemente del nivel de especialidad (Bertels 2011). Sin embargo, este fenómeno causa muchas dificultades a nivel empírico (Falkum y Vicente 2015: 1), lo cual incluye la redacción de definiciones.

Tradicionalmente, los diccionarios definen las unidades léxicas homónimas en entradas distintas (Atkins y Rundell 2008: 281), es decir, se las trata como si fueran palabras distintas que se escriben de la misma manera. En lo que respecta a las unidades léxicas polisémicas, se ofrece una definición distinta dentro de la misma entrada, organizadas en acepciones.

No obstante, la distinción entre polisemia y homonimia no es siempre fácil de establecer. De acuerdo con Croft y Cruse (2004: 111), existen tradicionalmente dos criterios principales para diferenciar la polisemia de la homonimia: el diacrónico y el sincrónico. El criterio diacrónico se basa en la noción de que la homonimia se produce porque que dos unidades léxicas distintas que, por la evolución de la lengua u otros motivos, terminaron teniendo la misma ortografía. No siempre es posible determinar el origen de las palabras y, por ende, este criterio a veces no se puede aplicar. Por ello, se recurre al criterio sincrónico, según el cual los sentidos no relacionados se consideran homónimos, mientras que aquellos en los que se puede observar algún tipo de proximidad semántica reciben el tratamiento de polisémicos. No existe una frontera clara entre la homonimia y la polisemia; por ello, Cruse (2011: 115) arguye que la homonimia y la polisemia forman un contínuum.

De acuerdo con Atkins y Rundell (2008: 281), en muchos diccionarios ya se está abandonando el tratamiento diferenciado de la polisemia y la homonimia por considerarse poco útil. Por su parte, en EcoLexicon y otros recursos terminológicos orientados al concepto, el tratamiento de la polisemia y de la homonimia es el mismo: la unidad terminológica se asocia a más de un concepto sin distinguir entre los dos fenómenos.

La polisemiaDado que consideramos que la distinción entre polisemia y homonimia no es clara en muchos casos, en adelante, utilizaremos el término polisemia para englobar tanto la polisemia como la homonimia —a menos que se indique lo contrario—. Preferimos esta denominación a la de ambigüedad léxica, pues algunos autores la utilizan como sinónimo de homonimia (por ejemplo, Tuggy [1993] y Blank [1999]). se opone a la monosemia, la cual se produce cuando una unidad léxica tiene un único sentido (Falkum y Vicente 2015: 1) o, en otras palabras, cuando está asociada solamente a un único concepto. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que, en todo evento de uso, se activa una parte distinta del potencial semántico, esto es, un subconjunto del perfil (el concepto) y un subconjunto de la base (los marcos). Es decir, la monosemia no implica que una unidad léxica signifique siempre lo mismo, sino que una unidad léxica dada siempre activa un mismo único concepto.

Así pues, la variación contextual es el fenómeno que surge cuando un concepto en eventos de uso reales no activa siempre los mismos rasgos y la relevancia de estos varía. Como ya se ha visto, este fenómeno es inherente a la cognición y comunicación humanas. Todos los conceptos varían según el contexto de activación; sin embargo, no siempre con la misma intensidad. Por ello, ampliando el contínuum entre polisemia y homonimia, resulta más efectivo entender la dicotomía entre polisemia y monosemia también como un contínuum (Langacker 1987: 18). Por lo tanto, dicho contínuum (Figura 16) va desde el mayor grado de ambigüedad léxica, que sería la homonimia, hasta el mayor grado de monosemia, que equivaldría a un bajo nivel de variación contextual.

Figura 16. Continuum desde la homonimia hasta la monosemia
Figura 16. Continuum desde la homonimia hasta la monosemia

Aunque en teoría la distinción entre la polisemia y la variación contextual es clara, en la práctica resulta complicado distinguir entre monosemia con un alto grado de variación contextual y polisemia:

[I]n normal-life situations, words only occur in concrete utterances and not in their more abstract and somewhat idealized dictionary definition. Thus, one has to define where contextual variation of one sense ends and where the semantic range of another sense starts – this is the distinction between vagueness and polysemy (Blank 1999: 15).

La frontera entre polisemia y variación contextual es difusa y su determinación es una cuestión metodológica. Heylen et al. (2015: 161) defienden que la decisión de agrupar o escindir sentidos dependerá finalmente de la función y los usuarios del recurso, lo cual conecta directamente con la dimensión funcional de la definición (§3.5.2). Es decir, como no existen límites precisos entre polisemia y variación contextual, el terminólogo propondrá la división de sentidos que considere más útil para el usuario.

Como ya se ha visto, en recursos como EcoLexicon, a partir del resultado de sus análisis, el terminólogo crea un concepto por cada sentido distinto en los casos de polisemia y, en los casos de variación contextual, la unidad terminológica la asociará a un único concepto. No obstante, gracias a la recontextualización (§3.6.1) y a la propuesta de definición terminológica flexible que se presenta en este trabajo (§3.6), en EcoLexicon se representa también de qué manera varían los conceptos según el dominio de activación. En esto se distingue de recursos terminológicos más tradicionales, en los que si se deciden agrupar determinados sentidos en un solo concepto, se deja de representar información que es potencialmente útil para los usuarios.

No obstante, en su tarea de distinción entre polisemia y variación contextual, el terminólogo puede ayudarse de determinadas pruebas. De acuerdo con Geeraerts (1993) existen tres tipos principales:

A pesar del atractivo de estas pruebas, Geeraerts (1993) demostró cómo para la misma unidad léxica cada uno de ellos daba un resultado distinto bajo las mismas condiciones y que incluso la misma prueba daba resultados divergentes en distintos contextos. Estas divergencias se deben al carácter difuso de los límites conceptuales y la variabilidad de las concepciones derivadas del potencial semántico en distintos eventos de uso. Es decir, la validez de estas pruebas reposa sobre una noción estática del significado y sobre la visión de que los conceptos están perfectamente delimitados y poseen rasgos suficientes y necesarios, la cual, como vimos, no se ajusta a lo que se conoce acerca de la cognición humana.

Por otro lado, cabe destacar que estas pruebas son más difíciles de aplicar en unidades terminológicas que en unidades léxicas generales porque, en muchos casos, dependen de que la persona que realice la prueba juzgue la validez de determinados enunciados o definiciones de acuerdo con su intuición lingüística. En caso de análisis transdisciplinares, para poder aplicar en condiciones similares estas pruebas a términos —esto es, pudiendo apelar al sentido de la intuición— sería necesario que el terminólogo tuviese unos conocimientos profundos sobre la terminología de varios dominios simultáneamente, lo cual impide recurrir a expertos, pues encontrar especialistas que lo sean simultáneamente de todos los dominios involucrados es altamente improbableEllo sin contar que en ocasiones los expertos no son capaces de proveer la información que el terminólogo requiere: «[D]espite the fact that experts may be very knowledgeable in their particular field, they are not experts in metacognition. In other words, they may know a great deal about their domain, but are not aware of how they know what they know, or how this knowledge is structured». (Faber y San Martín 2011: 50).

Además de las pruebas reseñadas por Geeraerts (1993), existen también pruebas de tipo léxico-semántico aplicables a la terminología, de las cuales L’Homme (2004) destaca cincoHemos omitido de la lista de pruebas recopilada por L’Homme (2004) el de la coocurrencia compatible por ser equivalente a las pruebas de identidad semántica vistas anteriormente.:

Cruse (1982: 68) considera que estas pruebas léxico-semánticas (las cuales él denomina pruebas indirectas) tienen un valor cumulativo y que cuanto más indicios de polisemia o variación se consigan a través de ellas, más posibilidades hay de que el diagnóstico sea correcto. Además, en el mismo artículo, presenta contraejemplos que apoyan su defensa de la necesidad de no considerar los resultados individuales de estas pruebas como resultado definitivo. Por ejemplo, en el caso de la prueba de sustitución por sinónimo, si tomamos el enunciado «Esa persona es mi padre», la unidad léxica persona podría sustituirse por el sinónimo hombre, mientras que en «Esa persona es mi madre» el sinónimo sería mujer. La prueba, por tanto, indicaría la existencia de polisemia, cuando realmente se trata de un caso de variación contextual. Por otro lado, a menudo no se pueden aplicar todas las pruebas porque, por ejemplo, no siempre es posible encontrar sinónimos u otros términos relacionados paradigmáticamente.

La falta de fiabilidad total de las pruebas que se proponen para distinguir entre polisemia y variación contextual proviene del hecho de que el potencial semántico de una unidad léxica es el conjunto de los posibles significados que puede tener dicha unidad, los cuales se solapan y tienen límites difusos.

No obstante, la activación conceptual de las distintas partes del potencial semántico no es aleatoria, sino que, debido a las restricciones convencionales, ciertos contenidos, a menudo agrupados, tienen mayor tendencia a ser activados:

When we retrieve a word from the mental lexicon, it does not come with a full set of ready-made sense divisions. What we get is a purport, together with a set of conventional constraints. However, in particular cases there may be powerful stable constraints favoring the construal of certain sense units. If the permanent constraints are pushing very strongly in one direction, a correspondingly strong countervailing pressure will be necessary to go against them; if the permanent constraints are weak, whether a boundary is construed or not will depend on other, mainly contextual, factors (Croft y Cruse 2004: 109).

Para dar cuenta de esas fuertes restricciones convencionales, supeditadas a las restricciones contextuales, Cruse (2011) emplea la noción de límites de sentido y límites de subsentido, los cuales han de entenderse como una tendencia de activación de determinadas áreas de contenido conceptual que funcionan a modo de presignificados dentro del potencial semántico de una unidad léxica. Mientras que los límites de sentido dividen el potencial semántico en distintos conceptos y dan lugar al fenómeno de polisemia; los límites de subsentido se deben a la variación contextual dentro de un único mismo concepto. Naturalmente, la existencia de límites de sentido no impide que a su vez aparezcan límites de subsentido.

Cruse (2011: 101-110) caracteriza ambos límites mediante la noción de autonomía, inspirada en las numerosas pruebas existentes para distinguir la polisemia de la variación contextual. La autonomía explica que determinadas porciones del potencial semántico de una unidad léxica funcionen de manera independiente al resto del contenido semántico asociado a la unidad (Cruse 2006: 18). Cruse (2011: 101-103) describe tres tipos principales de autonomía:

Es importante remarcar que la autonomía no es una cuestión absoluta, sino que se presenta en diversos grados. A mayor autonomía, mayores posibilidades hay de que haya polisemia en vez de variación contextual. No obstante, en la variación contextual, hay unidades que presentan niveles destacables de autonomía, de ahí que sea difícil trazar la frontera con la polisemia.

Dado que la autonomía se presenta en distintos grados y formas, es posible caracterizar diferentes clases de variación contextual. A continuación, revisamos los tipos principales descritos por Cruse (1995; 2000; 2001; 2011)Cruse (2000; 2008) propone un cuarto tipo de fenómeno: las facetas. Sin embargo, en este trabajo, las concebimos como un tipo de polisemia. El tratamiento que reciben en EcoLexicon las facetas es el mismo que cualquier otro caso de polisemia. Además, son numerosos los autores (Frisson 2015; Pustejovsky 2005; Srinivasan y Snedeker 2011, inter alia) que consideran que book, el ejemplo prototípico de unidad léxica con facetas presentado por Cruse, es un caso de polisemia. La particularidad de las facetas es que es posible unificar en un contexto ambos sentidos (o facetas), a diferencia de otros casos de polisemia regular. Asimismo, cada una de las facetas corresponde a un tipo ontológico distinto, por ejemplo, la unidad léxica libro, que se puede dividir en dos facetas: TOMO, que es una entidad física, y TEXTO, que es una entidad abstracta.. desde el que presenta menos autonomía al que más: la modulación contextual, los modos de ver y los microsentidos.

3.5.3.5.2. La modulación contextual

La modulación contextual es el nivel más bajo de variación contextual. Cruse (1986) expone dos parejas de fenómenos a los que da lugar la modulación contextual: la promoción y la democión, por un lado, y el resaltado (highlighting) y la relegación (backgrounding), por el otro.

La promoción y la democión (Cruse 1986: 52) se refieren al cambio de estatus que un rasgo puede experimentar a causa del contexto con respecto a su prototipo. Cruse (1986: 16) clasifica los características conceptuales en orden descendente según su grado de necesidad como necesarias, esperables canónicasUna característica esperable canónica es aquella cuya ausencia es considerada como un defecto (Cruse 1986: 19). Por ejemplo, que un perro tenga cuatro patas es una característica esperable canónica., esperables no canónicas, posibles, no esperables y excluidas. De modo que la promoción supone subir en la escala (p. ej., que un rasgo en un contexto pase de ser posible a esperable) y la democión, lo contrario (p. ej., que un rasgo en un contexto pase de ser esperable a excluido).

Un ejemplo de promoción es el caso de tsunami en el enunciado «Existe riesgo de tsunami en el lago Tahoe». Dado que los tsunamis prototípicos son marinos, el rasgo relativo a que un tsunami tiene lugar en un lago pasa de ser posible (o incluso no esperable, dado el alto nivel de prototipicidad del tsunami marino), a asumir el estatus de necesario en este contexto. Al mismo tiempo, se produce la democión de esperable a excluido del rasgo relativo a que un tsunami tiene lugar en el mar.

En lo que respecta al resaltado y la relegación (Cruse 1986: 53), estos dos fenómenos surgen cuando el contexto altera la relevancia de los rasgos. El resaltado aumenta la relevancia de un rasgo, mientras que la relegación lo disminuye. Por ejemplo, en el enunciado «No tenemos suficiente dinero para instalar energía solar» se resalta el rasgo relativo a que la energía solar es cara, mientras que relega a un segundo plano que la energía solar es beneficiosa para el medio ambiente.

Estos cuatro fenómenos no son exclusivos de la modulación contextual, ya que se dan en los otros tipos de variación contextual que veremos a continuación. La diferencia entre la modulación y los demás tipos de variación es que las distintas interpretaciones a las que da lugar este fenómeno no muestran signos de autonomía (Cruse 2001: 38).

3.5.3.5.3. Los modos de ver

Los modos de ver (ways-of-seeing [WOS]) son un tipo de variación contextual cuyas conceptualizaciones resultantes presentan mayor nivel de autonomía que la simple modulación contextual (Cruse 2011: 111). Los modos de ver no suponen ningún cambio referencial, simplemente se adopta una perspectiva diferente:

A simple way of explaining these would be by analogy with looking at everyday object from in front, the sides, from behind, from on top, etc. All these different views are perceptually distinct, but the mind unifies them into a single conceptual unity. (Cruse 2011: 111)

Para caracterizar los modos de ver, Croft y Cruse (2004: 137) se basan en los roles de qualia de Pustejovksy (1995):

De acuerdo con Cruse (2000: 47), podría haber más tipos de modos de ver, aunque no se trataría de una lista ilimitada. Asimismo, Croft y Cruse (2004: 138) reconocen que existen casos en los que es difícil asignar una conceptualización de manera inequívoca a uno de los modos de ver. Por otro lado, puede haber diferencias contextuales dentro de los modos de ver: por ejemplo, es posible atribuir más relevancia a una función que a otra dentro del modo de ver funcional o que se apliquen distintos criterios de clasificación dentro del modo de ver taxonómico.

Los modos de ver muestran, por un lado, un cierto nivel de autonomía relacional (Croft y Cruse 2004: 137). Por ejemplo, si HOTEL es visto como un tipo de inmueble, sus cohipónimos serán CASA, FÁBRICA, etc. Si es visto como un tipo de alojamiento, sus cohipónimos serán HOSTAL, ALBERGUE, etc.

Por el otro lado, muestran un mayor nivel de autonomía composicional. Por ejemplo, «hotel caro» puede significar «hotel caro respecto a lo que cuesta comprarlo» (modo de ver taxonómico), «hotel caro respecto a lo que cuesta alojarse en él» (modo de ver funcional) u «hotel caro respecto a lo que cuesta construirlo» (modo de ver biohistórico).

A partir de la descripción de los modos de ver por de Cruse, se desprende que se trata de un fenómeno de resaltado y relegación de rasgos. Sin embargo, no es descartable que los modos de ver puedan ir acompañados de promoción y democión de rasgos, aunque no fuera forzosamente atribuible al modo de ver sino a una modulación contextual colateral.

Como indica Tercedor (2011: 186) la conexión entre los modos de ver y la multidimensionalidad en terminología es obvia. Si bien dentro de un mismo dominio pueden observarse los conceptos simultáneamente desde varios modos de ver, es de esperar que los distintos dominios tengan tendencia a activar de manera privilegiada unos modos de ver frente a otros. Por ejemplo, los dominios técnicos como la ingeniería civil o la agricultura tienen probablemente mayor propensión a adoptar el modo de ver funcional que las ciencias como la química o la física.

3.5.3.5.4. Los microsentidos

Los microsentidos son áreas conceptuales dentro del potencial semántico de una unidad léxica que muestran ciertos grados de autonomía. Sin embargo, su autonomía no es suficientemente alta como para ser considerados sentidos polisémicos (Cruse 2001). Los microsentidos son, por tanto, subconjuntos dentro de un mismo concepto.

Los microsentidos tienen una organización jerárquica, con un sentido superordinado general y varios microsentidos subordinados que suponen especificaciones del sentido general en determinados contextos. Una de las características principales de los microsentidos es lo que Cruse (2011: 109) denomina especificifidad por defecto, la cual implica que, a menos que el contexto fuerce la conceptualización del sentido superordinado, la interpretación de la unidad léxica corresponderá con la de alguno de los microsentidos.

Los microsentidos dependen fuertemente de dominios específicos, en los que suelen funcionar como categorías de nivel básico y suelen ser prototípicos (§2.1.3.2), mientras que el sentido general, el cual es normalmente esquemático, presenta las características de una categoría de tipo superordinado sin una imagen visual clara, sin unos patrones de comportamiento definidos y no se corresponde con un prototipo (Cruse 1995: 40). Además, el sentido general no suele tener un lugar fijo en ningún sistema conceptual concreto (Croft y Cruse 2004: 127). Un ejemplo de unidad léxica con microsentidos es knife en inglés (Cruse 2001: 40):

ej. 41 This surgeon is very skilled at using the knife.

ej. 42 I will need a knife to eat this sirloin steak.

ej. 43 They sell all kinds of knife.

En el ej. 41, knife se activa contexto sobre cirugía y, por eso, surge el microsentido asociado al tipo de knife que usan los cirujanos. Por su parte, el ej. 42, activa el microsentido de knife como cubierto. Por último el ej. 43 muestra como el contexto puede forzar una interpretación no específica. De acuerdo con Kleiber (2006), una posible explicación del fenómeno de los microsentidos es su relación con las distintas funcionalidades que pueden adquirir los referentes del concepto en cuestión.

Aunque los microsentidos no son conceptos independientes y, por tanto, no se trata de un caso de polisemia, presentan mayor nivel de autonomía que las modulaciones contextuales y que los modos de ver.

Por un lado, los microsentidos muestran cierto grado de autonomía atencional; es decir, los distintos microsentidos son generalmente incompatibles entre sí. Para probarlo, Cruse (2001: 42-43) propone los siguientes ejemplos en los que aplica la prueba lógica (ej. 44) y la prueba de identidad semántica (ej. 45):

ej. 44 Mother: (at table; Johnny is playing with his meat with his fingers) Use your knife to cut your meat, Johnny.

Johnny: (who has a pen-knife in his pocket, but no knife of the proper sort) I haven’t got one.

ej. 45 John needs a knife; so does Bill.

En el ej. 44, vemos cómo Johnny interpreta que lo que tienen en su bolsillo no es un knife según el microsentido al que se refiere su madre. De acuerdo con, Kleiber 2006 el ej. 44 no es una prueba de antagonismo y presenta como contraejemplo el caso de una persona A en el momento de subirse al tren en Estrasburgo con dirección a París a la que una persona B le pregunta si tiene un billete. La persona A responde que no porque el billete que tiene es el de vuelta, esto es, de París a Estrasburgo. Naturalmente, en este ejemplo de uso de billete no se trata de un microsentido.

Por otro lado, volviendo al ej. 44, si aplicamos el tipo de prueba lógica que se vio en §3.5.3.5.1, no es posible decir que lo que tiene Johnny en su bolsillo «is a knife, but not a knife», por lo que se puede afirmar que los microsentidos muestran autonomía atencional, pero en menor grado que en un caso de polisemia.

En cuanto al ej. 45, la prueba de identidad semántica no resulta conclusiva, ya que, aunque la tendencia es a interpretar que John necesita el mismo tipo de knife, es posible imaginar contextos en los que no se aplique dicha restricción. Así pues, la prueba lógica y la de identidad semántica muestran que los microsentidos presentan autonomía atencional, pero menor que en un caso de polisemia.

Los microsentidos también presentan autonomía relacional. Cruse (2001: 42) muestra cómo cada uno de ellos tiene distintos hiperónimos y cohipónimos:

Figura 17. Hiperónimos y cohipónimos de knife (Cruse 2001: 42)
Figura 17. Hiperónimos y cohipónimos de knife (Cruse 2001: 42)

Asimismo, los microsentidos muestran cierta autonomía composicional. Por ejemplo, si la unidad léxica card en inglés se utiliza como objeto directo del verbo swipe, se activan solamente aquellos microsentidos de card con una banda magnética como las tarjetas bancarias y, a su vez, se descartarían microsentidos como, por ejemplo, el que en español se traduciría por postal.

A veces, aunque no siempre, hay una forma lexicalizada para el microsentido por la adición de algún modificador (Croft y Cruse 2004: 135). Por ejemplo, el knife que usa el cirujano puede recibir la denominación de surgical knife. Sin embargo, como indica Cruse (2011: 109) en el contexto de su dominio dicha especificación resulta extraña, ya que un cirujano no le pedirá a una enfermera que le pase un surgical knife sino simplemente le pedirá un knife.

Por otro lado, cabe destacar que, mientras que en los modos de ver tan solo había un cambio de perspectiva (lo cual daba lugar al resaltado y a la relegación de rasgos), en los microsentidos se producen cambios referenciales, por lo que se producirá principalmente promoción y democión de rasgos.

Cabe destacar también una variante de los microsentidos llamada subsentidos locales (Cruse 2011: 109-110). El ejemplo que Cruse plantea es el de una madre que acude al colegio de su hijo para una reunión de profesores y padres. Como no encuentra la sala donde se celebra tal reunión, se acerca a un hombre que está en la entrada y le pregunta: «¿Es usted profesor?». En este contexto, la interpretación más probable es que la madre le esté preguntando si es profesor en ese colegio. De modo que se está utilizando la unidad léxica profesor para hacer referencia a un tipo concreto de profesor.

De acuerdo con Cruse (2011: 110), los subsentidos locales se diferencian de los microsentidos en que la concepción supeordinada en este caso es rica y robusta, puede funcionar como unidad de nivel básico y participa en campos léxicos concretos.

Así pues, si bien la modulación contextual, los modos de ver y los microsentidos son fenómenos reales como bien demuestra Cruse con sus ejemplos, es de esperar que en la realidad la frontera entre ellos sea difusa y que una misma unidad léxica pueda presentar rasgos de los tres tipos de variación contextual al mismo tiempo.

En §5, tomaremos estos tres fenómenos como punto de partida en el estudio de la representación de la variación contextual mediante restricciones temáticas (por dominio) en la definición terminológica. Para la aplicación de dichas restricciones, proponemos un tipo de definición terminológica que hemos denominado definición terminológica flexible y que exponemos a continuación.

3.6. LA DEFINICIÓN TERMINOLÓGICA FLEXIBLE

Las definiciones, ya sean en recursos lexicográficos o terminológicos, tienen tendencia a ser demasiado generales, pues intentan abarcar todo tipo de contextos:

A common problem with conventional definitions is that they are underspecified - that is, in trying to account for all possible instantiations of a word, they often resort to minimalist formulations that can be slotted into any conceivable context. (Rundell 2006: 330)

Para los conceptos con un alto nivel de variación contextual, una única definición que abarque todo el dominio medioambiental no resulta suficientemente informativa, como es el caso de las definiciones de OZONE en diferentes recursos:

ej. 46 A chemical that is made of three oxygen atoms joined together, and found in the Earth's atmosphere. There are two kinds of ozone: good ozone, and bad ozone. Good ozone is found high in the Earth's atmosphere, and prevents the sun's harmful rays from reaching the Earth. Bad ozone is found low to the ground, and can be harmful to animals and humans because it damages our lungs, sometimes making it difficult to breathe.EPA Terminology Services (United States Environmental Protection Agency 2015) ej. 47 An unstable gas, O3. It is formed naturally in the atmosphere and also by an electric discharge in oxygen. It has a bluish colour and distinctive odour and is used in the purification of air and water.A Dictionary of Chemistry (Daintith 2014) ej. 48 An allotropic form of oxygen containing three atoms in the molecule. It is a bluish gas, very active chemically, and a powerful oxidizing agent. Ozone is formed when oxygen or air is subjected to a silent electric discharge. It occurs in ordinary air in very small amounts only.GEMET (European Environment Agency 2015)

Las definiciones en los ejemplos anteriores no resultan útiles para un usuario que tenga que enfrentarse al concepto de OZONE en diferentes subdominios del medio ambiente. Por ejemplo, en abastecimiento y tratamiento de agua, es importante saber que el ozono se utiliza como desinfectante dado su poder oxidante y viricida. Además, como se puede observar, no hay consenso respecto al concepto supeordinado de OZONE, pues cada una de las definiciones utiliza un genus distinto: CHEMICAL, GAS o ALLOTROPIC FORM OF OXYGEN.

Por ello, en este trabajo, se propone la creación de definiciones terminológicas flexibles. Una definición flexible es un sistema de definiciones del mismo concepto compuesto por una definición general (en nuestro caso, que abarca todo el dominio del medio ambiente) junto con definiciones contextualizadas en las que el concepto se sitúa en los distintos subdominios en los que el concepto es relevante. En cierto modo, nuestra propuesta de definiciones flexibles recoge la recomendación de Lorente (2001: 105) sobre cómo se debe representar la multidimensionalidad en la definición terminológica: «[P]ara superar las limitaciones del texto, para describir un concepto se deberían construir definiciones múltiples, parciales y complementarias, atendiendo a la parcialidad de perspectivas».

Nuestra propuesta de definición terminológica flexible reposa sobre las nociones de multidimensionalidad y recontextualización por dominios tal y como se aplican en EcoLexicon. Por ello, antes de ofrecer los detalles acerca de la definición terminológica flexible, nos detendremos sobre esas dos cuestiones.

3.6.1. La multidimensionalidad y la recontextualización en EcoLexicon

Comunmente la multidimensionalidad se define como el fenómeno que surge cuando se clasifican los conceptos desde distintas perspectivas en un mismo sistema conceptual (Bowker 1997: 133). De acuerdo con Rogers (2004), se puede hablar de dos tipos de multidimensionalidad. El primero es el producido por la formalización de distintas relaciones genérico-

Figura 18. Sistema conceptual multidimensional por el uso de distintas características diferenciadoras
Figura 18. Sistema conceptual multidimensional por el uso de distintas características diferenciadoras

específicas al mismo nivel con arreglo a distintas características diferenciadoras. En la Figura 18 se puede ver un ejemplo simple de sistema conceptual que es multidimensional porque los conceptos se categorizan según distintas características diferenciadoras simultáneamente.

El segundo tipo de multidimensionalidad se refiere a la combinación de distintos tipos de relaciones en un mismo sistema conceptual, como relaciones genérico-específicas con partitivas o relaciones genérico- específicas con temporales. Por ejemplo, el sistema conceptual de la Figura 19 es multidimensional porque se emplean tanto relaciones genérico- específicas como partitivas al mismo tiempo.

Figura 19. Sistema conceptual multidimensional con relaciones genérico-específicas y partitivas
Figura 19. Sistema conceptual multidimensional con relaciones genérico-específicas y partitivas

No obstante, la multidimensionalidad puede entenderse en un sentido más lato del que exponen Bowker (1997) y Rogers (2004). La existencia de las distintas dimensiones de un concepto está determinada por diversos factores como su categoría conceptual, su rol conceptual, el dominio en que se activa, etc. y ello hace que las relaciones conceptuales (tanto jerárquicas como no jerárquicas) que establece el concepto varíen de una dimensión a otra. En las bases de conocimiento terminológicas, la multidimensionalidad permite enriquecer representaciones estáticas mediante la inclusión de distintos puntos de vista en un sistema conceptual; sin embargo, esto puede ocasionar una gran sobrecarga de información que impida la adquisición del conocimiento por parte del usuario (León Araúz y Faber 2010: 15). EcoLexicon padece este problema de sobrecarga de información en la representación gráfica de determinados conceptos porque el medio ambiente es un campo de estudio interdisciplinar muy amplio, lo cual ocasiona que un mismo concepto pueda activarse en distintos dominios contextuales, como la geología, la ingeniería o la meteorología. Esto ocurre especialmente en el caso de los conceptos versátiles, los cuales tienen una profundidad jerárquica reducida y, por tanto, se conceptualizan en variedad de contextos dentro de un dominio especializado como el medio ambiente (León Araúz 2009: 196).

La conceptualización en varios dominios distintos supone que, aunque el concepto sigue siendo el mismo, en distintos contextos, la relevancia de las distintas proposiciones conceptuales que se establecen varía o incluso se establecen proposiciones distintas. León Araúz (2009: 194) lo ejemplifica

Figura 20. Red conceptual de SEDIMENTO en EcoLexicon sin restricciones contextuales
Figura 20. Red conceptual de SEDIMENTO en EcoLexicon sin restricciones contextuales

con el concepto SEDIMENTO el cual prototípicamente se categoriza como el RESULTADO de un PROCESO NATURAL, PACIENTE en el proceso de EROSIÓN y AGENTE del proceso de COLMATACIÓN. Sin embargo, si se restringe el dominio al de los PROCESOS COSTEROS, SEDIMENTO se convierte prototípicamente en el material que compone la LÍNEA DE COSTA o en el dominio de la DEFENSA DE COSTAS se convierte en el material usado para la REGENERACIÓN DE PLAYAS. De este modo, proposiciones que en otros contextos eran prototípicas pierden de manera parcial o total su relevancia en un nuevo contexto.

SEDIMENTO está conectado en su primer nivel con otros 50 conceptos en EcoLexicon. Si se representan gráficamente todas las proposiciones conceptuales en las que participa SEDIMENTO sin aplicar ningún tipo de contextualización, ocurre, por tanto, una sobrecarga de información (Figura 20).

A partir de esta representación gráfica, la adquisición de conocimiento por parte del usuario no es solo dificultosa por la grandísima cantidad de información que se muestra, sino también por la disparidad de los conceptos con los que se relaciona SEDIMENTO, como DECANTACIÓN, MOLUSCO o GLACIOFLUVIAL. Ante esta situación, León Araúz (2009) propuso la aplicación de restricciones contextuales mediante la asociación de las proposiciones conceptuales a los contextos en los que se activan, es decir, recontextualizarlas. De este modo, en la representación gráfica de las proposiciones conceptuales que establece un concepto, tan solo se mostrarán aquellas proposiciones relevantes a un contexto determinado dando así, además, cuenta de la variación contextual. En la Figura 21 puede verse la red conceptual de SEDIMENTO cuando se representa en el dominio contextual del abastecimiento y tratamiento de aguas.

Figura 21. Red conceptual de SEDIMENTO en EcoLexicon restringida al dominio de abastecimiento y tratamiento de aguas
Figura 21. Red conceptual de SEDIMENTO en EcoLexicon restringida al dominio de abastecimiento y tratamiento de aguas

En EcoLexicon, para recontextualizar las proposiciones conceptuales, estas se adscriben a uno o varios de los siguientes dominios contextuales, que funcionan como restricciones temáticas (§3.5.3.4):

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Tabla 17. Dominios contextuales en EcoLexicon

De este modo, en relación con un dominio contextual concreto, las proposiciones de un concepto pertenecen a dos conjuntos distintos (León Araúz y San Martín 2012: 579)Esta clasificación de las proposiciones en activa e inactiva y otras subdivisiones que se presentarán más adelante es una adaptación y ampliación de la clasificación de Seppälä (2009: 47-48) de rasgos latentes, destacados, potencialmente relevantes y relevantes vistos en §3.5.:

La distinción entre proposición inactiva latente e incompatible puede explicarse mediante las nociones de resaltado y relegación, y de promoción y democión de Cruse (1986), que vimos en §3.5.3.5.4. Una proposición conceptual es irrelevante cuando el contexto ha provocado la relegación de esa característica, que en otros contextos medioambientales sí es relevante. Mientras que una proposición inactiva incompatible ha padecido democión: ha pasado de ser necesaria, esperable o posible a ser no esperable o excluida en ese dominio contextual. Por lo general, la democión conlleva también la relegación, aunque puede haber casos en que precisamente la democión de una característica la convierta en relevante.

3.6.2. Las proposiciones definicionales

En relación con la recontextualización de EcoLexicon, se puede decir que una definición flexible está compuesta por una definición general medioambiental que deriva de la representación del concepto en cuestión para todo el dominio del medio ambiente en EcoLexicon y varias definiciones para subdominios relevantes que derivan de la recontextualización de las proposiciones conceptuales.

No obstante, en una definición no se representan todas las proposiciones conceptuales activas del concepto, sino que hay que realizar una selección, lo cual divide las proposiciones activas en definicionales o no definicionales (todas las proposiciones inactivas son no definicionales).

Las definiciones contextualizadas han de poder funcionar independientemente. Esto es, deben transmitir toda la información relevante del presignificado en el subdominio en cuestión sin depender del resto de definiciones del conjunto para ello. Por su parte, la definición general medioambiental codifica los rasgos más relevantes en todo el dominio del medio ambiente, por lo cual incluye aquellos rasgos que son prototípicos en la mayoría de subdominios.

3.6.3. Las jerarquías contextualizadas y la categorización multidimensional

Una de las principales dificultades que plantea las definiciones flexibles es que, contrariamente a lo que pudiera pensarse, incluso las relaciones genérico-específicas están sujetas a la variación contextual (León Araúz y San Martín 2012: 581), tal y como se mostró con el ejemplo de OZONE y sus múltiples genus. Comprensiblemente, esto puede afectar a la herencia de propiedades en una jerarquía.

Dado que es necesario especificar una jerarquía coherente antes de realizar una definición para asegurar la herencia de propiedades correcta, en el caso de las definiciones flexibles, cada dominio contextual requiere su propia jerarquía. Como se verá en §4.2, las principales fuentes de información que utilizamos para determinar cómo clasificar un concepto en cada subdominio son las definiciones en otros recursos y el análisis de corpus.

Sin embargo, todos los candidatos a superordinado extraídos con estos dos métodos se pueden utilizar solamente como una guía. Los conceptos pueden clasificarse de varias maneras, incluso en el mismo dominio contextual. De hecho, muchas de las categorías que se pueden extraer con estos dos métodos se podrían considerar categorías derivadas de un fin (Barsalou 1983; Barsalou 1985) (§2.1.3.3.1), construidas para un propósito específico en una determinada situación y carente convencionalización, en lugar de categorías bien establecidas.

Así pues, una vez extraído todo el conocimiento necesario sobre el concepto y las distintas formas de categorizarlo, las principales directrices para la estructuración de jerarquías contextualizadas en EcoLexicon son la coherencia (para una herencia de propiedades correcta una vez que EcoLexicon se convierta en una ontología) y la activación del marco conceptual subyacente más prototípico (§3.6.4).

Dado que conviven varias jerarquías al mismo tiempo en EcoLexicon, un concepto puede tener tres o más conceptos superordinados distintos que se pueden clasificar del siguiente modo:

Todas las relaciones genérico-específicas conllevan herencia de propiedades. En consecuencia, en EcoLexicon, incluso los conceptos contextualizados heredan proposiciones a partir de más de un concepto superordinado. Por ejemplo, DICHLORODIPHENYLTRICHLOROETHANE hereda proposiciones de sus tres superordinados: CHEMICAL COMPOUND, PESTICIDE y PERSISTENT ORGANIC POLLUTANT. El hecho de que un concepto tenga varios superordinados da lugar a la existencia de distinto tipo de proposiciones definicionales:

3.6.4. Los marcos conceptuales subyacentes

Fillmore (2003) propuso la integración de la noción de marco en la definición de cualquier palabra mediante lo que denominó definiciones de dos pisos. Dicha definición contendría dos partes o pisos: la definición per se y una descripción del marco en el que se inserta el definiéndum.

Como se vio en §2.1.3.3, la noción de teoría es imprescindible en la selección de los rasgos con los que describir un concepto, pues explica en gran medida por qué los seres humanos realizamos determinadas categorizaciones frente a otras posibles. En este trabajo, las teorías se aplican mediante los dominios contextuales y los marcos. Los dominios contextuales pueden entenderse a efectos prácticos como grandes conjuntos de marcos que explican las relaciones que establecen los conceptos entre sí y, por ende, la relevancia de estos.

De este modo, coincidimos con Fillmore (2003) en la necesidad de representar los marcos que subyacen a los conceptos en las definiciones. No obstante, en lugar de presentarlos por separado, los integramos en la definición. Esto es, consideramos que la definición terminológica debe describir (de acuerdo con las restricciones contextuales pertinentes) los rasgos relevantes del concepto en cuestión así como el marco o marcos que dan sentido a dichos rasgosNuestra decisión de integrar los marcos dentro de la definición en lugar de describirlos aparte se debe principalmente a una cuestión de índole práctica. Consideramos que aportar las descripciones de marcos junto con las definiciones implica contar con un sistema de marcos estructurado y la creación de tal sistema queda fuera del alcance de esta tesis..

Para ello, el terminólogo durante el proceso de documentación y análisis de corpus para la realización de la definición terminológica deberá detectar en qué marco o marcos se inserta el concepto que se está definiendo. Con vistas la definición, dado que EcoLexicon no tiene un sistema de marcos granular como el de FrameNet, la detección del marco consiste en determinar qué otros conceptos suelen coactivarse con el que se está definiendoPara ello, es de especial utilidad práctica la detección de contextónimos que describimos en §4.2.2.3.2. y qué relaciones los une. En el caso de que dichas relaciones no estén aún contenidas en EcoLexicon, conviene introducir en la base de datos las correspondientes proposiciones conceptuales, pues podrán utilizarse posteriormente para construir la definición.

En las plantillas definicionales que se utilizan actualmente en EcoLexicon solo se incluyen proposiciones en las que participa el definiéndum. Sin embargo, en esta tesis, proponemos integrar los marcos dentro de la definición mediante la representación de proposiciones en las que participan los otros conceptos activados en la definición o conceptos cuya denominación es un derivado morfológico del definiéndum. Denominamos dichas proposiciones proposiciones enmarcantes (framing propositions) porque aportan información sobre el marco o marcos en los que se inserta el definiéndum. Por ejemplo, en la plantilla definicional de CHLORINE para el dominio de la GESTIÓN DE LA CALIDAD DEL AIRE, la proposición «CHLOROFLUOROCARBON affected-by ULTRAVIOLET RADIATION» explica una etapa esencial del marco OZONE DEPLETION, activado por CHLORINE en ese dominio. En esta proposición enmarcante, no participa CHLORINE directamente, pero lo hace un concepto (CHLOROFLUOROCARBON) que previamente dentro de la definición se ha asociado a CHLORINE mediante una proposición directa («CHLOROFLUOROCARBON made-of CHLORINE»).

EcoLexicon, con su herramienta de mapa conceptual, permite consultar las proposiciones que establecen los conceptos asociados a un primer concepto. Ello proporciona al terminólogo una representación visual de todas las proposiciones enmarcantes. Aquellas proposiciones enmarcantes que finalmente forman parte de la definición, reciben el nombre de proposiciones enmarcantes definicionales. La Figura 22 representa visualmente todos los tipos de proposiciones que hemos expuesto en este apartado.

Por otro lado, el marco que activa prototípicamente el concepto en un dominio contextual debe guiar en la medida de lo posible la selección del

Figura 22. Representación gráfica de las proposiciones activas, inactivas y enmarcantes
Figura 22. Representación gráfica de las proposiciones activas, inactivas y enmarcantes

superordinado contextual preferencial. A este respecto, podemos dividir los tipos de genus inspirándonos en los roles de qualia de Pustejovsky (1995):

A menudo, un concepto incluye características necesarias de varios tipos, por lo que, a menudo, esta clasificación que acabamos de presentar es algo difusa. Por ejemplo, un concepto télico como DEPURADORA incluye no solo como característica necesaria su función de depuración, sino que también incluye que se trata de un artefacto, lo cual, además de incluir el hecho de que los artefactos tienen una función, también implicaría un rasgo formal en cuanto que es una entidad física y un rasgo agentivo en cuanto que ha sido construido por el ser humano. Sin embargo, consideramos DEPURADORA y conceptos similares como télicos porque su función es el rasgo que define su papel en los principales marcos en los que participa.

Por consiguiente, es necesario elegir, siempre que resulte posible, un genus del tipo que mejor represente el papel del concepto en el principal marco que activa en un precontexto dado. Por ejemplo, en ingeniería civil, STEEL tendrá como superordinado contextual preferencial BUILDING MATERIAL (de tipo télico), en lugar de ALLOY, (de tipo formal-agentivo) porque el primero pone de relieve la función de STEEL en ese dominio.

3.6.5. Las proposiciones conceptuales en el mapa conceptual y en la definición

Dado que la manera en que se codifica la información conceptual en proposiciones en EcoLexicon para su representación en mapas conceptuales no es del todo satisfactoria con vistas a la creación de definiciones, consideramos conveniente ciertas pautas de codificación para aumentar su utilidad a este respecto.

Aunque EcoLexicon se encuentra en transición a convertirse en una ontología formal, por el momento, la base de conocimiento no aplica ningún tipo de herencia de propiedades ni inferencias. En lo que respecta al usuario, esta carencia se ve compensada por el hecho de que el usuario puede ver varios niveles de proposiciones conceptuales. Por ejemplo, si el usuario consulta el concepto PLUVIOGRAMA puede ver en el mapa todas las relaciones que establece ese concepto y a su vez las relaciones que establecen los conceptos relacionados con PLUVIOGRAMA e incluso las relaciones que establecen estos últimos con otros conceptos. Todo ello simultáneamente en el mismo mapa conceptual.

Así pues, para evitar en lo posible la sobrecarga de información (problema que, como ya hemos visto, es frecuente en EcoLexicon) y, de manera temporal hasta que EcoLexicon se convierta en una ontología, entendemos que conviene dar por supuesta la herencia de propiedades y ciertas inferencias.

En lo que respecta a la herencia de propiedades, un ejemplo sería METHANE. Si se categoriza METHANE como GREENHOUSE GAS y GREENHOUSE GAS establece la proposición «GREENHOUSE GAS causes GREENHOUSE EFFECT», no se debe codificar la relación «METHANE CAUSES GREENHOUSE EFFECT», pues ha de entenderse como heredada.

Consecuentemente, solo han de codificarse aquellas proposiciones que sean aplicables también a los subordinados de los conceptos en cuestión. Por ejemplo, el concepto OZONE-DEPLETING SUBSTANCE se refiere a sustancias que contienen cloro o bromo (o ambos), por ejemplo, METHYL BROMIDE (que contiene bromo, pero no cloro). Si se codifica «OZONE- DEPLETING SUBSTANCE made of CHLORINE» y «OZONE-DEPLETING SUBSTANCE made of BROMINE», ello daría lugar a que se interprete que METHYL BROMIDE contiene cloro, lo cual no es correcto. Por ello, en ese caso y similares, al no ser posible añadir disyunciones a las proposiciones en EcoLexicon, este tipo de proposiciones no se deben codificar en el supeordinado y se debe suponer que, en un futuro, se podrán inferir en una ontología a partir de los subordinados.

Una excepción es cuando el concepto subordinado hereda una proposición, pero la activa de manera más específica. En ese caso, sí ha de codificarse en EcoLexicon. Por ejemplo, la proposición «WATER DISINFECTION effected-by WATER DISINFECTANT» es heredada por chlorination porque es su subordinado. Sin embargo, CHLORINATION activa de manera más específica dicha proposición («CHLORINATION effected-by CHLORINE»), de modo que dicha especificación sí se debe codificar en EcoLexicon.

En cuanto a las inferencias, también es necesario dar por supuestas algunas de ellas, aunque el sistema no las aplique. De lo contrario, al igual que con la herencia de propiedades, se corre el riesgo de duplicar la información y sobrecargar la representación visual en el mapa conceptual. Un ejemplo es cuando un proceso tiene un agente que lo causa. A menudo, para expresar el paciente de dicho proceso es posible codificarlo tanto respecto al agente como al proceso. Por ejemplo, la relación entre FERTILIZER y FERTILIZATION solo hay una manera posible de expresarla mediante proposiciones de EcoLexicon «FERTILIZER causes FERTILIZATION». Sin embargo, para expresar que la fertilización afecta al suelo, es posible codificarlo como «FERTILIZER affects SOIL» o «FERTILIZATION affects SOIL». En ese caso, como medida de uniformización, proponemos codificar solamente la relación que establece el proceso y, en un futuro, configurar la ontología para que lo infiera a partir de «FERTILIZER causes FERTILIZATION».

Describir todas las posibles inferencias necesarias en EcoLexicon queda fuera del alcance de esta tesis doctoral. Sin embargo, en este trabajo, seguiremos el principio de evitar en todo lo posible la duplicidad de información heredable e inferible en lo que respecta a la codificación de proposiciones en EcoLexicon.

En cuanto a la relación de las proposiciones conceptuales codificadas en EcoLexicon y su relación con las definiciones, conviene remarcar que, si bien defendemos que las definiciones en EcoLexicon deben ser coherentes con la información codificada por las proposiciones, hay una diferencia esencial entre ellas. Mientras que en las proposiciones se ha de evitar la duplicidad de información, en las definiciones no, en el sentido de que dos definiciones pueden compartir parcialmente la misma información explícita (especialmente, aquellas cuyos definiéndums tienen denominaciones que son derivados morfológicos).

En lo que respecta a la herencia de propiedades, en la definición no se expresa la información heredada del concepto superordinado que ejerce de genus. Sin embargo, como ya hemos visto en §3.6.3, proponemos hacer una excepción con los conceptos superordinados que denominamos no preferenciales. Mientras que en las proposiciones, la herencia se da por supuesta y no se debe duplicar la información; en la definición, se representan aquellas proposiciones relevantes que se heredan del concepto superordinado no preferencial.

En lo que respecta a las inferencias, es necesario reconstruirlas manualmente para hacer la definición y representar aquellas que tras el análisis conceptual se determinen como relevantes. Por ejemplo, para la definición de OZONE-DEPLETING SUBSTANCE, la característica de que este tipo de sustancias contienen cloro o bromo se inferirá manualmente para representarla en la definición.